Otra vez
Luego me dijo: “Pero el amor es natural y real”.
Y soltó su mano, tan parecida a la mía.
“No es para tí, ni para mí”.
Pasó mucho tiempo para que volviera a tocar su mano.
Esta vez duró más de lo que pide la regla.
“No soy ese nombre”.
Justo cuando quería amputar la mía.
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