Galleta Tuerta
Espacio personal

Hablar como hombre y como mujer: La performance del género a través del lenguaje

«This is the voice I want to use», repite el video de prácticas de vocalización. La  mujer de la pantalla mete dos dedos en su boca y comienza los ejercicios. Bree mira atenta y empieza. Su voz, distinta a la de la mujer del televisor, es más grave, casi robótica. A los pocos segundos cae en la cuenta de que está perdiendo el tiempo. Para la transexual Bree esa voz, la del video, es la voz que quiere usar; pero también una de las pocas facetas de la feminidad estereotípica que no ha llegado a conquistar aún.

Esta escena de Transamerica (2005) sirve para ejemplificar lo que en la sociolingüística se señala como el modelo performativo del género, el cual es el tema de esta reseña. Primero definiré los conceptos de género y performance usados en este tipo de estudios y luego, presentaré un ejemplo de este aparato teórico aplicado a un intercambio verbal particular.

La pregunta sobre lo que significa ser hombre o mujer puede sonar ociosa para muchos. Pero son casos paradójicos como los de los hombres que se «convierten» en mujeres (como en el caso de Bree) los que nos hacen reflexionar con espíritu crítico sobre lo que significa ser catalogado de hombre o mujer.  Por ejemplo, si tenemos a una persona que luce como mujer, viste como mujer, actúa como mujer y «habla» como mujer, ¿podemos decir que estamos frente a una mujer?

Demos un rostro humano a nuestro ejemplo. En 1967, el sociólogo norteamericano Harold Garfinkel hizo un estudio sobre la transexual Agnès para una clínica sobre la transexualidad. Agnès, que deseaba someterse a una cirugía de cambio de sexo, desempeñaba su vida de tal manera que el mismo Garfinkel llegó a considerarla una mujer «normal».

[Agnès es] una mujer guapa de medidas impresionantes, de piel femenina, completamente imberbe, con maquillaje discreto, cintura fina, de pies un poco grandes y voz dulce femenina aunque grave (Coulon, 1988: 47).

Esta impresión no es gratuita. El personaje en cuestión producía su identidad de mujer como una práctica continua. Controlaba cada una de sus actitudes y gestos «al comer, al ir a la playa o al disimular su anatomía delante de la amiga con quien comparte piso» (Coulon: 48). Esto demuestra, a los ojos del investigador, lo que Simone de Beauvoir señalaba: «la mujer no nace, se hace».

transamerica

Llegar a este nivel de «imitación» implica algo ciertamente importante, pero muchas veces ignorado. Se trata del hecho de que nuestra personalidad es siempre una personalidad «para otros». No vivimos aislados, sino que interactuamos constantemente (piénsese en Agnès y en Bree como personas que también deben salir de compras, trabajar a diario y tomar sus vacaciones). Este «dar cuenta a otros»[1] es una «declaración constantemente renovada, mientras que normalmente se vive como algo natural porque es rutinario» (Coulon: 48). Es decir, «declaramos constantemente» a los demás reglas sociales que hemos llegado a considerar naturales. Piénsese, por ejemplo, en nuestra forma de vestir, nuestras preferencias por algún color, la manera en que exteriorizamos nuestras emociones y, claro está, nuestra forma de hablar. Todas son costumbres repetidas tantas veces que hemos llegado a naturalizarlas y considerarlas propias de nuestra «esencia» de hombre o de mujer. Sin embargo, varía entre un grupo humano y otro. Esto delata su carácter cultural y artificial.

Así como los actores de teatro tienen un desempeño frente a un público (o performance) basado en un guión previamente aprendido, así también todos nosotros llevamos a cabo una «performance social» basada en un guión del que no somos conscientes. Un guión tácito, que debemos afinar día a día y que nos dice cómo interactuar con los otros (Cfr. Goffman, 1981).

Regresemos a los casos de Bree y Agnès: ellas logran su cometido de llegar a ser mujeres cuando son consideradas por los demás como mujeres; sin embargo, su anatomía las delata. Es en este punto en que vemos la importancia de hacer la distinción entre los conceptos de sexo y género. El primero es la base anatómica y hormonal, hasta cierto punto determinante, de cada ser humano; el segundo término hace referencia a los roles sociales que son asignados a cada persona con respecto al campo de la sexualidad de acuerdo con cada cultura. En los casos anteriormente citados, vemos cómo se ha «performado» un género femenino en un cuerpo de sexo masculino.

 

 

La teórica feminista y principal defensora de la visión performativa del género, Judith Butler, menciona que

el género es el mecanismo a través del cual se producen y se naturalizan las nociones de lo masculino y lo femenino, pero el género bien podría ser el aparato a través del cual dichos términos se reconstruyen y se desnaturalizan. (Butler, 2006:70-71)

¿Podemos decir que Bree y Agnès han «desnaturalizado» el género masculino? Opino que no. Parece ser, por el contrario, el seguimiento de estas personas del ideal de feminidad hegemónico. Es, pues, un trueque genérico y eventualmente sexual (completamente legítimo, por supuesto) hacia una visión idealizada de la mujer y no la construcción de un espacio identitario nuevo.

A este respecto, es necesario presentar un ejemplo adecuado donde pueda aplicarse todo este aparato teórico, alguna demostración sobre el carácter cultural y artificioso del género y su ruptura con el determinismo biológico. En nuestro en caso en particular, veremos cómo la sociolingüística puede dar algunas luces.

Hace unos años, la sociolingüista Deborah Cameron analizó las estrategias verbales por medio de las cuales un grupo de hombres jóvenes «construyen» su identidad genérica (Cameron, 1997). El audio que sirvió de  material de análisis fue grabado en una reunión en la casa de uno de ellos con ocasión de ver un partido por televisión. El grupo discutía tópicos variados, entre ellos los deportes, las chicas y los diferentes tipos de vino. Sin embargo, Cameron notó que en algunos momentos ellos hablaron sobre los chicos que consideraban afeminados u homosexuales debido a su aspecto físico. A continuación, un extracto.

Cameron[2] catalogó a este tipo de intercambio dialógico como «raje» o «contar chismes sobre otros»[3]. Ella señala que la razón de expresarse de tal forma sobre estas personas era para reafirmar y definir su identidad genérica heterosexual en contraste con la aparente y peligrosa identidad genérica homosexual de los hombres sobre los que hablaban. ¿Qué es lo particular sobre el hecho de que los hombres heterosexuales expresen un discurso homofóbico? Ciertamente nada nuevo; sin embargo, si nos detenemos un instante, vemos que estos hombres dejan de hablar cómo los hombres heterosexuales estereotípicos y utilizan estrategias discursivas asignadas culturalmente a las mujeres.

 

La investigadora señala que el «contar chismes» o «rajar»[4] es culturalmente definido como femenino para el grupo en cuestión. Se espera, por lo tanto, que el grupo evite «rajar», pero no sucede así. ¿Por qué? La explicación de Cameron señala que

bajo estas circunstancias [la posibilidad de ser confundido como homosexual] quizás se vuelva aceptable romper una regla de género («los hombres no rajan, rajar es de chicas») para afirmar lo que en ese contexto es una regla más importante («los hombres dentro de un grupo conformado solo por hombres deben presentar su heterosexualidad sin ambigüedad alguna») (Cameron, 1997: 61).

Por otra parte, es interesante señalar que en la grabación también se habló de otro tipo de hombres: los jugadores del partido de la televisión. Sin embargo, al hablar de ellos el grupo se identificaba con ellos, en vez de identificarse en oposición a ellos (Cameron: 61). Asimismo, la sociolingüista señala que es casi irónico que los únicos hombres sobre los que pueden hablar de forma casi íntima, sin poner en duda su heterosexualidad, sean los hombres gay. Imagínese el caso de un par de hombres heterosexuales hablando del cuerpo o la forma de vestir de sus jugadores de fútbol favoritos: las suspicacias alrededor de su identidad genérica podrían surgir casi inmediatamente.

¿Qué es lo que el trabajo de Cameron nos demuestra? ¿Tenemos a hombres que hablan como mujeres? ¿Estos chicos han traspasado la clara brecha entre lo que significa actuar como hombre y actuar como mujer? Cameron, basada en una apuesta performativa del género, menciona que no se trata de eso, sino que estamos frente a una desnaturalización casi inconsciente del género masculino. En sus propias palabras,

los hombres y las mujeres no viven en planetas distintos, sino que son miembros de culturas en donde un gran cúmulo de discursos sobre el género está constantemente circulando. Ellos no solo aprenden e inmediatamente reproducen formas de hablar ‘apropiadas’ para su propio sexo; ellos aprenden un grupo más amplio de significados sobre el género que atan a formas complejas y diferentes de hablar, y producen su propio comportamiento a la luz de estos significados (Cameron, 1997: 60).

Es decir, en lugar de pensar en el «chismeo» como una forma de habla femenina, se le piensa como una forma de crear oposición con respecto a otro grupo genérico distinto. El lenguaje es una herramienta de creación de identidad de grupo que ha sido escogida y no una forma automática de hablar dictaminada por el cuerpo. La autora deja en claro su deuda teórica con Butler:

Este modelo performativo echa una luz sobre el fenómeno del género y el habla. El habla también es una ‘estilización repetida del cuerpo’; las formas de hablar ‘masculina’ y ‘femenina’ identificadas por los investigadores deben ser pensadas como el resultado ‘congelado’ de actos repetidos por actores sociales quienes están esforzándose para constituirse como hombres y mujeres ‘correctos’ (Cameron: 49).

En conclusión, hablar como hombre o como mujer no significa hablar de la misma manera en todas las circunstancias. Como hemos visto, el género no es un elemento monolítico con el que cargamos a todas partes y que nunca cambia. Hay muchos factores en juego al momento de performar nuestro género en el habla: con quién hablamos, sobre qué hablamos y en qué situación lo hacemos (por mencionar solo unos cuantos). Los invito a pensar en este tipo de evidencia lingüística al momento de concebir, fomentar o censurar las diferentes formas de hablar de cada género. ¿Estamos, al igual que Bree de Transamerica, buscando la voz que queremos usar o solo la que debemos usar?

 

 

Bibliografía

Butler, Judith (2006) Deshacer el género. Paidós, Barcelona.

Cameron, Deborah (1997) Performing identity: Young men’s talk and the construction of heterosexual masculinity. En: JOHNSON, Sally y Ulrike Hanna MEINHOF (Eds.) Language and masculinity. Blackwell, Cambridge.

Coulon, Alain (1988) La etnometodología. Cátedra, Madrid.

Goffman, Erving (1981) La presentación de la persona en la vida cotidiana. Amorrortu Editores,  Buenos Aires.


[1] Accountability en inglés. (Cfr. Coulon, 1988: Cap. II, §4)

[2] Las citas hechas a Cameron son traducciones mías.

[3] Gossip en inglés es definido por Cameron como «discusión sobre muchas personas ausentes, pero conocidas por los participantes, con un fuerte énfasis en el examen crítico de la apariencia, vestido, comportamiento social y sexual de estos individuos» (Cameron: 51).

[4] «Rajar» sería el equivalente en  nuestra variedad local del castellano.

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2 comentarios to “Hablar como hombre y como mujer: La performance del género a través del lenguaje”

  1. Hola, me quede impresionado por el tratado que publicas sobre género, noto que dominas bien el tema de los roles humanos y las interacciones que implican los comportamientos individuales de acuerdo al espacio social dominante, aqui citas a Goffman, ese libro “la Presentacion de la persona en la vida cotidiana” es buenazo, estuve llevando un curso sobre historia de Genero y vaya, en las universidades deberia enseñarse esto al menos para la mayoria de las carreras sociales y humanistas, esta es informacion basica que vale la pena aprender si queremos comprender muchos de los problemas que cociernen a la educacion, el desarrollo social, la cultura, etc. Te felicito.

    • Hola, James:

      ¿Cómo estás? Hace mucho que no nos vemos. Gracias por tus palabras. Realmente, solo el libro de Goffman merece una reseña que le haga justicia. La visión performativa del comportamiento es una mirada atractiva e interesantísima de las ciencias sociales para comprender nuestras vidas. Estas cosas las he estudiado y visto por mi cuenta. He llegado indirectamente gracias a mi curso de sociolinguistica.

      Coincido contigo en que todas las humanidades deberían llevar al menos un curso sobre estos temas en su currícula. Me parece que hay un vacío en los estudios humanistas en la conexión con ‘la vida cotidiana’ de la que habla Goffman. Sería interesante que veamos temas de políticas culturales, derechos civiles, género, racismo, medio ambiente y derechos animales. Pero creo que eso es volar muy alto por el momento.

      Muchas gracias, otra vez.

      P.D. Te agregué a mi blogroll.


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