Galleta Tuerta
Espacio personal

Exámenes

Me acuerdo claramente el día que di mi examen de clasificación para la primaria. Tenía apenas cinco años y ya había sido lanzado a competir. No me gustó esa sensación. Al lado mío, había un chico de cara rara. Ély la pregunta de “¿qué mano es la que indica la flecha?” que estaba debajo de una figura humana de espaldas de mi examen es el recuerdo más lejano que tengo de un examen.

He estado constantemente bajo la presión de ser un buen alumno sin tener conciencia de que es posible vivir feliz sin eso. Ahora a mis veinte y cuatro años aún tengo que batirme frente a exámenes de idiomas, trabajos que redactar, comparaciones frente a otros, jurados sin rostros y oficinas y oficinas de burócratas. Tengo el presentimiento de que seré muy infeliz si no tengo éxito. Justo como la pequeña galleta de hace cinco años.

¿Por qué?

No lo sé.

Luego de varios (y quiero dar un sentido laxo a esa palabra) años de carrera universitaria, cualquier pensaría que yo podría estar harto de la universidad yque no quiero volver el rostro a un aula más. Para bien o para mal, “esto”, aquí un sonido de suspiro resignado, es lo más cercano a mi temperamento y objetivos en esta vida. Supongo que es como ese tipo de situaciones en donde es imposible alcanzar ideales, así que uno solo se conforma con lo que ya existe.

Y mientras me desvivo en más exámenes, más aprobaciones y más certificados de realmenteséaunquenolocreas, aún tengo las ganas de hacerlo. La palabra “realción amor-odio” no queda mejor ilustrada.

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Sin Respuestas para “Exámenes”

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