Galleta Tuerta
Espacio personal

Dic
30

Pensé que había posteado esto por navidad, pero simplemente lo guardé como un ‘draft’. Esta es mi canción navideña favorita. Me gusta el coro final:

War is over is you want it.

Las imágenes son algo fuertes. Hagamos algo para que nuestro mundo sea un mejor lugar para vivir.

Dic
30

Un día de estos hablaré de cómo el método deconstructivo ha reformulado mi concepto de persona y de  humanista. No puedo imaginarme a mí mismo sin la búsqueda del significado construido, fragmentado, nunca esencial. Hace más de un año que trato de aplicarlo a mi vida y tengo la sensación de que esta humildad en la búsqueda de la verdad me ha ennoblecido. Paradójicamente, yo sabía del método deconstructivo antes de leer o saber de ningún pensador o teórico deconstructivista. ¿Cómo llegué a él? Mediante la teoría literaria. Una vez más la lingüística no satisface mi natural voluntad de cuestionar.

Los dejo con una definición dada por  Gayatri Spivak. Ella es el deconstructivismo en persona: crítica literaria, marxista, feminista, precursora de los estudios de subalternidad y postcolonialismo. En ella el objeto de estudio o la pregunta formulada no tiene porqué restringirla en una determinada área del saber. Fuzzy boundaries.

Aquí mi intento de traducción, más abajo está el original:

“La deconstrucción no dice que no hay sujeto, verdad o historia. Simplemente cuestiona el privilegio a la identidad por el que alguien cree que tiene la verdad. No es la exposición del error. Es buscar constante y persistentemente cómo son producidas las verdades . Por eso es que la deconstrucción no dice que el logocentrismo es una patología, o que los acorralamientos metafísicos son algo de lo que puedes escapar. La deconstrucción, si alguien quiere la fórmula, es, entre otras cosas, una crítica persistente de lo que uno no puede no querer. Y, en ese sentido, sí, estuvo ahí desde el principio.”

“Deconstruction does not say there is not subject, there is no truth, there is no history. It simply questions the privileging of identity so that someone is believed to have the truth. It is not the exposure of error. It is constantly and persistently looking into how truths are produced. That’s why deconstruction doesn’t say logocentrism is a pathology, or metaphysical enclosures are something you can scape. Deconstruction, if one wants a formula, is, among other things, a persistent critique of what one cannot not want. And in that sense, yes, it’s right there at the beginning.”

(p. 6)

SPIVAK, Gayatri Chakravorty, Donna LANDRY, Gerald M. MACLEAN (1996). “The Spivak Reader: Selected Works of Gayatri Chakravorty Spivak”. Routlegde.

Dic
12

La ciudad de Lima despierta y atiza mis ganas de morir. Este lugar es repugnante en todas sus formas: el clima, la rapidez de la vida, la tiranía de  sus calles asesinas, su espantoso tráfico… Aquí es siempre es invierno. Hoy tengo, acumulado mes tras mes, una leve humedad bajo mis párpados. Es una mezcla de tristeza y tedio.

La ciudad busca mi muerte y yo me resisto a darle ese placer.

Salir a caminar por sus calles es simplemente un baño de smog y suciedad. Calzadas rotas, barrios con casas destartaladas y gente gris siguen una tras otra. Escupitajos, basura, infelicidad, humo y mierda alfombran este sitio que hace mal en llamarse ciudad. ¿No lo pueden ver? No ven la soledad que nos atrapa, quieres encontrar su final, pero solo hallas otra calle, otro barrio más. Es un inferno larguísimo que nunca termina.

Lima exige mi muerte. Yo soy tentado  a diario. Veo su sol sin verlo. Veo su pulcritud hecha de maldad, desigualdad y snobismo. ¿Cuándo se darán cuenta de lo espantosa que es esta ciudad? ¿Cómo alguien siquiera puede ser feliz en un lugar tan espantoso?

Dic
08

ESPECIAL

Derecho a la diferencia

Una reflexión a partir del decreto de la nota 14. Impedir que los postulantes ingresen a los institutos superiores pedagógicos si no obtienen 14 como nota mínima es una cara más de la discriminación hacia los pueblos indígenas de nuestro país. Se requiere con urgencia una política educativa que respete la diversidad cultural y lingüística en la búsqueda de la equidad antes que la estandarización.

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Por Virginia Zavala*

Los niños y niñas de muchos pueblos indígenas no solo reciben una educación en condiciones muy deterioradas sino que además están condenados a tener maestros foráneos que no hablan su lengua y que son completamente ajenos a su contexto cultural. Los niños del pueblo Urarina, por ejemplo, no tienen ni un solo maestro formado en educación intercultural bilingüe capaz de convertirlos en ciudadanos desde su propia lengua y cultura. Y lo más dramático es que nunca lo tendrán si es que no se hace algo en torno a un dictamen propuesto por la gestión educativa del actual gobierno.

En enero del 2007 el gobierno de Alan García emitió el Decreto Supremo N°006-2007-ED, según el cual todos los postulantes a los institutos superiores pedagógicos (ISP) deberían aprobar un examen con nota 14 como mínimo para ser admitidos y poder formarse como profesores. Desde entonces, no ha ingresado ni un solo postulante a ninguno de los quince ISP que ofrecen la especialidad de educación intercultural bilingüe en todo el país. ¿Por qué los postulantes provenientes de pueblos indígenas son los que parecen tener menos posibilidades de pasar la prueba de admisión a los ISP? Quizás para algunos la respuesta estaría en características supuestamente intrínsecas de estas poblaciones, que podrían referirse a sus capacidades intelectuales. Quizás para otros la explicación radicaría en aspectos de orden más actitudinal, como cuando se alude a “maestros ociosos” que no se esfuerzan por rendir bien en la prueba. Pero en realidad ni una ni otra explicación tiene sentido. Lo que aquí quiero sostener es que el desempeño de estos estudiantes en las pruebas de ingreso a los ISP responde, más bien, a una situación que el propio sistema educativo ha creado y que ahora –de manera incomprensible– la gestión actual no quiere reconocer.

El hecho de que los postulantes de los pueblos indígenas sean los que tienen menos posibilidades para ingresar a los ISP se puede explicar a partir de dos puntos. En primer lugar, sabemos que esta realidad revela las condiciones del servicio educativo que el mismo Estado ha provocado pues la educación que se imparte en las zonas de población indígena es de bajísima calidad y no prepara a los estudiantes para que se desempeñen con éxito en los exámenes de admisión a los ISP.

En segundo lugar, esta realidad demuestra que el sistema educativo nunca es “neutral” y que las personas que han aprendido como primera lengua una lengua indígena y que han sido socializadas en matrices culturales que difieren de la mirada occidental, tienen que hacer mayores esfuerzos para desarrollar las habilidades supuestamente universales que subyacen a una prueba estandarizada como la que deben rendir para ingresar a los ISP. Estos dos puntos explican por qué –en el mejor de los casos– un estudiante de población indígena tendría que prepararse académicamente durante dos años, como mínimo, si es que quiere pasar el mencionado examen. Este es, a todas luces, un examen que se ha elaborado pensando en un estudiante que tiene al castellano como primera lengua, que ha sido socializado en una matriz cultural occidental y que ha estudiado en una buena secundaria. Se trata, entonces, de formas injustas de evaluación que reflejan un sistema educativo antidemocrático y que además no logran medir otras dimensiones de lo que implicaría ser un buen maestro para contextos de población indígena.

La nota 14 no constituye una manera de solucionar la baja calidad de la educación peruana sino que, más bien, nos entrampa en un círculo vicioso y en una herencia colonial de larga data. Se necesita partir de nuestra realidad y buscar estrategias institucionalizadas que permitan a los estudiantes superar las condiciones académicas en las que inician sus estudios. Así, por ejemplo, implantar una nota de suficiencia académica al finalizar los cinco años de estudios tiene mucho más sentido que no permitir el ingreso a partir de un examen de admisión como el que funciona actualmente. Es urgente pensar en una política de equidad que implique un tratamiento diferenciado en función del reconocimiento de la diferencia y en unos criterios de calidad que tomen en cuenta aspectos culturales y lingüísticos. En lugar de tratar a todos los estudiantes por igual porque “no habrá corona para nadie”, urgen políticas de atención focalizada que puedan atender la problemática educativa de los niños y niñas indígenas.

El decreto de la nota 14 choca con lo señalado en la Declaración de los Derechos de los Pueblos Indígenas de la ONU, el Convenio 169 de la OIT, la Constitución del Perú y la Ley General de Educación, respecto del derecho de los pueblos indígenas a ser educados en sus propias lenguas. Esto es, sin duda, muy grave. Pero es preocupante también que el Ministerio de Educación no plantee su respuesta a la problemática a partir de sus causas y demuestre –una vez más– tener una noción de calidad y equidad que no respeta la diferencia (asunto que, por cierto, ya ha sido superado en otros países).

Es interesante constatar, además, que este decreto no representa una acción aislada sino que se enmarca en una tendencia de la gestión del actual gobierno hacia la estandarización de la educación (la reducción de la otrora Dirección Nacional de Educación Bilingüe Intercultural es otro ejemplo de ello). Esta tendencia se enmarca, a su vez, en una visión política que atenta contra la diversidad cultural y que parece querer imponer, de manera muy ortodoxa, una sola –y ciertamente desfasada– visión del desarrollo. Mientras que en el contexto de la globalización los países desarrollados defienden sus identidades locales, mantienen sus lenguas y apuestan por el cosmopolitismo (España, por ejemplo), en el Perú este discurso, asumido de una manera pasiva, repercute en el campo cultural donde se acepta el mandato occidentalizador sin dialogar, negociar ni imponer condiciones locales. Es una vergüenza constatar cómo se vende la “marca Perú” en el exterior y cómo el presidente y la ministra de Turismo se alegran de que Machu Picchu sea considerado una de las maravillas del mundo cuando, por otro lado, se impide que los peruanos sigan formándose y hablando sus lenguas vernáculas y cuando la política educativa de este gobierno termina siendo cómplice del más tradicional genocidio cultural.

[*] Profesora de Lingüística, Pontificia Universidad Católica del Perú.

Nov
30

Queridos amigos:

En primer lugar, quiero pedir disculpas si el dia de ayer salí de mis cabales. Sucede que mi ego me encegueció frente a lo que era evidente: ¡Hemos ganado! Me doy cuenta que el largo camino hecho desde aquel artículo mío en PuntoEdu hasta el día de ayer, antes que ser una decepción, ha sido una enorme victoria. Esa idea toda diminuta ahora es más sofisticada y tiene una forma de llevarse a cabo. Tenemos 4,000 soles para hacerlo excelentemente.

Quiero darles muchas gracias a cada uno de Uds. por estar ahí pendientes y dar lo mejor de sí. No he encontrado, y no exagero para nada, tan buen equipo de trabajo como este en mi vida. Todos y cada uno son personas inteligentes, críticas y responsables. Me alegra y enorgullece decir que son parte del equipo. Además, creo que hemos hecho una química difícil de hallar en dinámicas de grupo. En fin… pero no quiero despedirme sin agradecer de todo corazón a la persona que se desvivido y movido desde el comienzo por esto que parecía una idea imposible de realizar: Pumi. Ella estuvo ahí desde la prehistoria del proyecto. Aún recuerdo cuando escuchó, nada discreta jaja, mi conversación con alguien de FEPUC sobre la impresión ambos lados (creo que fue en mayo o en junio). Al terminar, con más preguntas que respuestas de esa reunión no planificada, ella volteó (estaba sentada cerca) y me dijo: “Buena iniciativa. Bacan lo de la impresión”. Soy tan tímido que solo atiné a decirle “Gracias”.

Y bueno, yo dije para mis adentros: “Que bien que a alguien le guste esa idea y de forma tan desinteresada”. Bueno, ahora Pumi es mi gran amiga (lo digo con orgullo) y fue ella la que movió todo:  contactos, ideas y, claro está, a Coyita, Chucu y Maiza (Michael llegó gracias a la gran Chucu) lo que elevó exponencialmente la calidad de nuestro trabajo.

Para no hacerla más larga, quiero decirles que me gusta mucho trabajar con Uds. y lo del día de ayer ha sido una de las cosas más mostras que me han pasado. Gracias por ser lo genial que son. Ahora hay que perfeccionar y hacer mostra la ‘implementacion’ de proyecto.

Un gran abrazo,

Ernesto

Nov
22

«This is the voice I want to use», repite el video de prácticas de vocalización. La  mujer de la pantalla mete dos dedos en su boca y comienza los ejercicios. Bree mira atenta y empieza. Su voz, distinta a la de la mujer del televisor, es más grave, casi robótica. A los pocos segundos cae en la cuenta de que está perdiendo el tiempo. Para la transexual Bree esa voz, la del video, es la voz que quiere usar; pero también una de las pocas facetas de la feminidad estereotípica que no ha llegado a conquistar aún.

Esta escena de Transamerica (2005) sirve para ejemplificar lo que en la sociolingüística se señala como el modelo performativo del género, el cual es el tema de esta reseña. Primero definiré los conceptos de género y performance usados en este tipo de estudios y luego, presentaré un ejemplo de este aparato teórico aplicado a un intercambio verbal particular.

La pregunta sobre lo que significa ser hombre o mujer puede sonar ociosa para muchos. Pero son casos paradójicos como los de los hombres que se «convierten» en mujeres (como en el caso de Bree) los que nos hacen reflexionar con espíritu crítico sobre lo que significa ser catalogado de hombre o mujer.  Por ejemplo, si tenemos a una persona que luce como mujer, viste como mujer, actúa como mujer y «habla» como mujer, ¿podemos decir que estamos frente a una mujer?

Demos un rostro humano a nuestro ejemplo. En 1967, el sociólogo norteamericano Harold Garfinkel hizo un estudio sobre la transexual Agnès para una clínica sobre la transexualidad. Agnès, que deseaba someterse a una cirugía de cambio de sexo, desempeñaba su vida de tal manera que el mismo Garfinkel llegó a considerarla una mujer «normal».

[Agnès es] una mujer guapa de medidas impresionantes, de piel femenina, completamente imberbe, con maquillaje discreto, cintura fina, de pies un poco grandes y voz dulce femenina aunque grave (Coulon, 1988: 47).

Esta impresión no es gratuita. El personaje en cuestión producía su identidad de mujer como una práctica continua. Controlaba cada una de sus actitudes y gestos «al comer, al ir a la playa o al disimular su anatomía delante de la amiga con quien comparte piso» (Coulon: 48). Esto demuestra, a los ojos del investigador, lo que Simone de Beauvoir señalaba: «la mujer no nace, se hace».

transamerica

Llegar a este nivel de «imitación» implica algo ciertamente importante, pero muchas veces ignorado. Se trata del hecho de que nuestra personalidad es siempre una personalidad «para otros». No vivimos aislados, sino que interactuamos constantemente (piénsese en Agnès y en Bree como personas que también deben salir de compras, trabajar a diario y tomar sus vacaciones). Este «dar cuenta a otros»[1] es una «declaración constantemente renovada, mientras que normalmente se vive como algo natural porque es rutinario» (Coulon: 48). Es decir, «declaramos constantemente» a los demás reglas sociales que hemos llegado a considerar naturales. Piénsese, por ejemplo, en nuestra forma de vestir, nuestras preferencias por algún color, la manera en que exteriorizamos nuestras emociones y, claro está, nuestra forma de hablar. Todas son costumbres repetidas tantas veces que hemos llegado a naturalizarlas y considerarlas propias de nuestra «esencia» de hombre o de mujer. Sin embargo, varía entre un grupo humano y otro. Esto delata su carácter cultural y artificial.

Así como los actores de teatro tienen un desempeño frente a un público (o performance) basado en un guión previamente aprendido, así también todos nosotros llevamos a cabo una «performance social» basada en un guión del que no somos conscientes. Un guión tácito, que debemos afinar día a día y que nos dice cómo interactuar con los otros (Cfr. Goffman, 1981).

Regresemos a los casos de Bree y Agnès: ellas logran su cometido de llegar a ser mujeres cuando son consideradas por los demás como mujeres; sin embargo, su anatomía las delata. Es en este punto en que vemos la importancia de hacer la distinción entre los conceptos de sexo y género. El primero es la base anatómica y hormonal, hasta cierto punto determinante, de cada ser humano; el segundo término hace referencia a los roles sociales que son asignados a cada persona con respecto al campo de la sexualidad de acuerdo con cada cultura. En los casos anteriormente citados, vemos cómo se ha «performado» un género femenino en un cuerpo de sexo masculino.

 

 

La teórica feminista y principal defensora de la visión performativa del género, Judith Butler, menciona que

el género es el mecanismo a través del cual se producen y se naturalizan las nociones de lo masculino y lo femenino, pero el género bien podría ser el aparato a través del cual dichos términos se reconstruyen y se desnaturalizan. (Butler, 2006:70-71)

¿Podemos decir que Bree y Agnès han «desnaturalizado» el género masculino? Opino que no. Parece ser, por el contrario, el seguimiento de estas personas del ideal de feminidad hegemónico. Es, pues, un trueque genérico y eventualmente sexual (completamente legítimo, por supuesto) hacia una visión idealizada de la mujer y no la construcción de un espacio identitario nuevo.

A este respecto, es necesario presentar un ejemplo adecuado donde pueda aplicarse todo este aparato teórico, alguna demostración sobre el carácter cultural y artificioso del género y su ruptura con el determinismo biológico. En nuestro en caso en particular, veremos cómo la sociolingüística puede dar algunas luces.

Hace unos años, la sociolingüista Deborah Cameron analizó las estrategias verbales por medio de las cuales un grupo de hombres jóvenes «construyen» su identidad genérica (Cameron, 1997). El audio que sirvió de  material de análisis fue grabado en una reunión en la casa de uno de ellos con ocasión de ver un partido por televisión. El grupo discutía tópicos variados, entre ellos los deportes, las chicas y los diferentes tipos de vino. Sin embargo, Cameron notó que en algunos momentos ellos hablaron sobre los chicos que consideraban afeminados u homosexuales debido a su aspecto físico. A continuación, un extracto.

Cameron[2] catalogó a este tipo de intercambio dialógico como «raje» o «contar chismes sobre otros»[3]. Ella señala que la razón de expresarse de tal forma sobre estas personas era para reafirmar y definir su identidad genérica heterosexual en contraste con la aparente y peligrosa identidad genérica homosexual de los hombres sobre los que hablaban. ¿Qué es lo particular sobre el hecho de que los hombres heterosexuales expresen un discurso homofóbico? Ciertamente nada nuevo; sin embargo, si nos detenemos un instante, vemos que estos hombres dejan de hablar cómo los hombres heterosexuales estereotípicos y utilizan estrategias discursivas asignadas culturalmente a las mujeres.

 

La investigadora señala que el «contar chismes» o «rajar»[4] es culturalmente definido como femenino para el grupo en cuestión. Se espera, por lo tanto, que el grupo evite «rajar», pero no sucede así. ¿Por qué? La explicación de Cameron señala que

bajo estas circunstancias [la posibilidad de ser confundido como homosexual] quizás se vuelva aceptable romper una regla de género («los hombres no rajan, rajar es de chicas») para afirmar lo que en ese contexto es una regla más importante («los hombres dentro de un grupo conformado solo por hombres deben presentar su heterosexualidad sin ambigüedad alguna») (Cameron, 1997: 61).

Por otra parte, es interesante señalar que en la grabación también se habló de otro tipo de hombres: los jugadores del partido de la televisión. Sin embargo, al hablar de ellos el grupo se identificaba con ellos, en vez de identificarse en oposición a ellos (Cameron: 61). Asimismo, la sociolingüista señala que es casi irónico que los únicos hombres sobre los que pueden hablar de forma casi íntima, sin poner en duda su heterosexualidad, sean los hombres gay. Imagínese el caso de un par de hombres heterosexuales hablando del cuerpo o la forma de vestir de sus jugadores de fútbol favoritos: las suspicacias alrededor de su identidad genérica podrían surgir casi inmediatamente.

¿Qué es lo que el trabajo de Cameron nos demuestra? ¿Tenemos a hombres que hablan como mujeres? ¿Estos chicos han traspasado la clara brecha entre lo que significa actuar como hombre y actuar como mujer? Cameron, basada en una apuesta performativa del género, menciona que no se trata de eso, sino que estamos frente a una desnaturalización casi inconsciente del género masculino. En sus propias palabras,

los hombres y las mujeres no viven en planetas distintos, sino que son miembros de culturas en donde un gran cúmulo de discursos sobre el género está constantemente circulando. Ellos no solo aprenden e inmediatamente reproducen formas de hablar ‘apropiadas’ para su propio sexo; ellos aprenden un grupo más amplio de significados sobre el género que atan a formas complejas y diferentes de hablar, y producen su propio comportamiento a la luz de estos significados (Cameron, 1997: 60).

Es decir, en lugar de pensar en el «chismeo» como una forma de habla femenina, se le piensa como una forma de crear oposición con respecto a otro grupo genérico distinto. El lenguaje es una herramienta de creación de identidad de grupo que ha sido escogida y no una forma automática de hablar dictaminada por el cuerpo. La autora deja en claro su deuda teórica con Butler:

Este modelo performativo echa una luz sobre el fenómeno del género y el habla. El habla también es una ‘estilización repetida del cuerpo’; las formas de hablar ‘masculina’ y ‘femenina’ identificadas por los investigadores deben ser pensadas como el resultado ‘congelado’ de actos repetidos por actores sociales quienes están esforzándose para constituirse como hombres y mujeres ‘correctos’ (Cameron: 49).

En conclusión, hablar como hombre o como mujer no significa hablar de la misma manera en todas las circunstancias. Como hemos visto, el género no es un elemento monolítico con el que cargamos a todas partes y que nunca cambia. Hay muchos factores en juego al momento de performar nuestro género en el habla: con quién hablamos, sobre qué hablamos y en qué situación lo hacemos (por mencionar solo unos cuantos). Los invito a pensar en este tipo de evidencia lingüística al momento de concebir, fomentar o censurar las diferentes formas de hablar de cada género. ¿Estamos, al igual que Bree de Transamerica, buscando la voz que queremos usar o solo la que debemos usar?

 

 

Bibliografía

Butler, Judith (2006) Deshacer el género. Paidós, Barcelona.

Cameron, Deborah (1997) Performing identity: Young men’s talk and the construction of heterosexual masculinity. En: JOHNSON, Sally y Ulrike Hanna MEINHOF (Eds.) Language and masculinity. Blackwell, Cambridge.

Coulon, Alain (1988) La etnometodología. Cátedra, Madrid.

Goffman, Erving (1981) La presentación de la persona en la vida cotidiana. Amorrortu Editores,  Buenos Aires.


[1] Accountability en inglés. (Cfr. Coulon, 1988: Cap. II, §4)

[2] Las citas hechas a Cameron son traducciones mías.

[3] Gossip en inglés es definido por Cameron como «discusión sobre muchas personas ausentes, pero conocidas por los participantes, con un fuerte énfasis en el examen crítico de la apariencia, vestido, comportamiento social y sexual de estos individuos» (Cameron: 51).

[4] «Rajar» sería el equivalente en  nuestra variedad local del castellano.

Nov
16

Luego me dijo: “Pero el amor es natural y real”.

Y soltó su mano, tan parecida a la mía.

“No es para tí, ni para mí”.

Pasó mucho tiempo para que volviera a tocar su mano.

Esta vez duró más de lo que pide la regla.

“No soy ese nombre”.

Justo cuando quería amputar la mía.

Nov
11

Hace un tiempo conocí al enamorado de mi hermana. Él es mayor que yo, ha estudiado ingeniería y conoció a mi hermana cursando su segunda carrera: Medicina. Según lo que me contaba mi ella, él era una persona muy talentosa en el dibujo técnico y un estudiante muy perspicaz. Siempre había querido conocerlo, pero ella lo mantenía ‘alejado’ de mí. El hecho de que ambos estudien en Trujillo gran parte del año no mejoraba la situación.

Llegó el día de la boda de mi hermano mayor y con este la oportunidad de conocer al tan mentado enamorado (al que llamaré ‘M’ en adelante). Ahí estaba: alto, regordete, amable y de bien parecer. Empezamos a conversar en grupo, pero parecía algo cohibido. No proponía tema de conversación, solo respondía a lo que requerían de él. Por mi experiencia puedo decir que no es cómodo hablar con desconocidos ‘conocidos’. Este era el caso de los hermanos de su enamorada. Sin embargo, lo notaba especialmente reservado conmigo. Mi madre, en cuya esencia está la indiscreción, me había adelantado algo de lo que M pensaba sobre mí. No le creía. Esa misma noche confirmé lo que me dijo.

Luego de empezada la fiesta y embriagados los invitados, todos empezamos a bailar y a conversar en nuestras mesas. Hubo un momento en que, con mucho vodka y cerveza en la sangre, empecé a conversar con M. No fue muy difícil llegar al quid de mi indagación: ¿Qué pensaba de mí?

-”Tu hermana me dijo que lees mucho”.

Puedo asegurar que esta frase es la que recuerdo con más detalle. De ella se desprenden las siguientes ideas que tal vez hayan sido un poco distorsionadas por el estado ‘poco neutral’ en el que me hallaba:

“Yo leía mucho y por lo tanto sabía mucho. Él, en cambio, ha leído muy pocos libros en su vida. Luego, cree que yo sé más que él y por eso temía que yo le hiciera preguntas difíciles y que él no supiera responderlas”.

Puesta la situación esos términos me dispuse a aclararle varios puntos y es aquí donde viene mi reflexión con respecto a ‘leer mucho’. Esta es mi posición personal y mucha gente puede no estar de acuerdo, pero no quiero dejar de compartirla.

En primer lugar, siempre se ha considerado a la lectura como una cuestión pasiva: una aguja hipodérmica que inyecta conocimiento. Esta es una forma mecánica de ver la lectura. Los ojos no recorren las letras impresas y, por arte de birlibirloque, convierten al lector en alguien más inteligente. Una lectura provechosa implica un punto de vista crítico. Es decir, la persona que lee no solo recibe impresiones e ideas, sino que las cuestiona, las ata a otras que ya ha leído y, creo que estoy es lo más importante, busca la relación que tiene con su vida personal.

Por otra parte, se ve al libro como la única fuente de conocimiento. En ese sentido, las bibliotecas serían baluartes del saber y los que hacen uso constante no sólo inteligentes, sino sabios. Es interesante señalar que el valor simbólico que tienen los libros y las bibliotecas es compartido desde antiguo. El conocimiento más preciso y válido se hallaría en los libros, en desmedro del mundo real que sería un calco mal hecho. Esto que puede sonar muy platónico, tiene un fuerte arraigo en la mente de muchos. En palabras del bibliófilo Alberto Manguel:

“Por atractivo que pueda parecernos el sueño de un universo cognoscible hecho de papel y un cosmos comprensible hecho de palabras, una biblioteca, aunque sean colocales sus proporciones y ambicioso e infinito su alcance, nunca podrá ofrecernos un mundo “real” en el sentido en que los es el mundo cotidiano de felicidad y sufrimiento. En su lugar, nos ofreceuna imagen de ese mundo “real” que (como dice el crítico francés Jean Roudaut) “nos permite amablemente concebirlo”, así como la posibilidad de experimentar, conocer y recordar algo intuido por medio de un relato o adivinado a través de una reflexión filosófica o poética”.

(423-424)

MANGUEL, Alberto (2007). “La biblioteca de noche”. Alianza Editorial. Madrid.

http://ecx.images-amazon.com/images/I/51N7Fx312OL.jpg

En último término, la lectura de un libro no asegura que esa persona sea necesariamente más inteligente, crítica o (haciendo uso de una palabra muy peliaguda) “culta”. Es evidente que estos rasgos se pueden formar a partir de los libros, pero no por ello se forman únicamente gracias a ellos. Basta recorrer algunas bibliotecas modernas para ver que el conocimiento se ha vuelto en el capital a resguardar antes que los libros. Una biblioteca que se preste de ser completa contiene revistas, libros, películas, música y material multimedia. No se trata, entonces, de “leer” libros. Rodolfo Castro menciona en su bello libro llamado “Las otras lecturas” (del que extraje el título de este post) su mayor inquietud:

“Por eso mi pregunta: ¿leer es leer libros? Creo que no. Leer no puede ser sólo eso, debe haber algo más. No es posible que la lectura se reduzca a uno, a mil, o a todos los libros que se hayan escrito desde invención de la escritura. La lectura como acontencimiento deriva de muchas lecturas, entre las que se encuentra la de libros. Los libros son una parte desafiante y maravillosa, pero tan sólo una parte de este acontecimiento. Cuando los libros se imponen sobre las otras lecturas no les estamos haciendo ningún favor”.

(12)

CASTRO, Rodolfo (Coord.) 2003 Las otras lecturas. Paidós. México

¿Y cuándo es que colocamos a la lectura de libros por encima de las otras lecturas? ¿Qué tan conscientes somos de esto? Me acuerdo cuando un amigo me dijo que se imaginaba a uno de los más renombrados profesores de mi universidad en su gran biblioteca, atiborrada de libros y entre penumbras; y él llegando siendo apenas un niño a hablar con este profesor. Esa fascinación y admiración me parecieron algo comunes con respecto a algunos intelectuales. Sin embargo, la idea de disminución de uno frente al otro y la infantilización intelectual que uno se auto-impondría por tal fascinación son consecuencias de colocar a la lectura del libro frente a otras lecturas. Hay un tufillo de ideología sobre lo letrado que penetra fuertemente desde la escuela hasta los estudios superiores.

¿Cuáles son las otras lecturas? ¿Por qué no nos generan tal fascinación y respeto? Las otras lecturas nos rodean: películas, series de televisión, comics, los noticieros, los blogs, la música, la publicidad, el teatro, etc. Podemos decir que estos son libros abiertos para la lectura. Pero yo prefiero llamarlos textos.

Un texto es todo elemento cargado intencionalmente de significación. Estos textos nos hablan de personas, emociones, críticas, belleza y arte así como lo haría cualquier libro. En ese caso ser un asiduo televidente de una miniserie nos vuelve lectores televisivos; un amante de la música leería albumes, compositores o tendencias musicales y; para completar los ejemplos, un narrador de cuentos compondria textos en la cercanía física del espectador (algo que no es posible con un libro) y este espectador los “leería”.

Con esto no pretendo decir que los libros no tengan un gran valor. La misma advertencia la hace Rodolfo Castro:

“Los lectores de libros son sólo eso, lectores de libros. No tengo nada contra los libros y sus lectores, de cho creo ser uno de ellos; sólo intento señalar la gigantesca importancia de las otras lecturas: es lector quien logra leer más allá de los libros. Hay que dirigir los sentidos hacia el lugar, afuera de las páginas de un libro, donde se encuentra el verdadero continuará de la lectura. Al entender la vida como una lectura múltiple, entendemos la lectura como e resultado de lo vivido”.

(14-15)

CASTRO, Rodolfo (Coord.) 2003 Las otras lecturas. Paidós. México

¿Quién es el que perpetúa estas ideas sobre los libros? ¿Quién tiene la responsabilidad de desterrar estos mitos? La pregunta queda sobre el tapete.

Oct
08

Este es Matías. Es mi perro labrador. Lo ‘tengo’ desde hace cinco años. Matías es muy juguetón e inteligente. Le gusta atrapar cualquier cosa que le arrojen. Es un perro super loco y dulce. Nunca ha mordido a nadie y siempre le mueve la cola a todos los invitados.

El otro día llevé a Matías a un lugar para que lo duerman. Ahí lo metieron dentro de una jaula con otros animales. Me dio algo de pena verlo ahí. Así que me fui a casa a terminar mis labores pendientes. Luego de que dejé a mi perro ahí. Lo tuvieron semanas de semanas encerrado. Las cosas tuvieron que esperar. El lugar donde vivía no tenía ventanas y no había forma de comunicarse con el exterior. Matías comenzó a estresarse y comenzó a atacar a sus compañeros de celda. El encargado cogió a Matías y le arrancó los dientes. De esa forma no mordería a los demás. De paso le cortó la cola porque era muy probable que sus compañeros lo tomaran de ese lado para forcejearlo.

Luego de dos semanas con puro pan y alimentos desabridos y repugnantes, Matías tenía opaco el pelo y tenía zonas de su cuerpo con llagas e infecciones. Su temperamento calmado se volvió irascible. Atacaba a sus compañeros pese a no tener como. Los ‘cuidadores’ le dieron con electroshocks para que dejara de molestarlos. Parece que sirvió en esos momentos. Si pudiera pasar por la cabeza de mi perrito, podría pensar que él solo quiere salir de ahí como sea.

A la tercera semana, llevaron a Matías a otro cuarto: el lugar donde lo matarían. Es un lugar extraño, con el piso contínuamente baldeado. Las paredes de mayólica y mucho aparatos de metal extraños colgados del techo. Matías ya débil, no se impresionó con lo que veía. El cuidador que parecería no muy interesado en él, lo tomó del cuello y lo ató a una cadena. Tomón un cuchillo y lo degolló. Todo el cuarto se empapó de sangre. Él ya no sentía. No había espacio a más dolor. Simplemente quería que todo acabe. No bastando eso, el encargado atravesó su corazón con el mismo cuchillo. Él luce todo aséptico con guantes, máscara y delante: como si fuera Matías una especie de virus infeccioso.

Matías se desangraba. Lo poco que decía su mirada era algo similar a una súplica. El hombre tecogía su sangre en un balde a medida que caía. Cogió a Matías con lo poco de vida que le quedaba y lo colgó de uno de los ganchos que salían del techo. Atravesó lo que en otro tiempo fue su hermosa piel. Matías ya no sentía. No podía ni siquiera llorar. Solo deseaba no haber nacido. En esos momentos llegó el alivio final: Matías moría.

No contentos con esto el hombre y otro compañero suyo le empezaron a arrancar la piel y comenzaron a quitarle sus entrañas. ¡Su hermosa piel! Esa piel que acaricié de aquel cachorro que llegaba a casa con pañuelo azul alrededor del cuello. Esa piel dorada y suave. Ahora no era más que un estropajo lanzado al suelo. Todo su cuerpo era irreconocible. Lo abrieron, lo cortaron, lo congelaron. Sus huesos están en el depóstio de la basura, junto a sus ojos.

El domingo pasado, cuando ya me había olvidado el destino de Matías,  fui a comer a un restaurante. Pedí un plato que llevaba carne. Me gustó. De hecho aún puedo recordar con claridad ese sabor y esa textura. Era la misma carne que con tanto dolor fue arrancada a mi perro. Era la misma que yo disfrutaba mientras conversaba y reia junto a mis amigos.

Esta historia es ficticia. No es un intento sensacionalista de incursionar en el género del terror en este blog. Estoy en camino a ser vegetariano desde agosto pasado por las razones que se pueden sacar de este relato. Cuando está bajo mi contro, como cualquier cosa que no contenga carne. Cuando la situación es apremiante como carne.  No soy un amante de los animales. Algunos perros me han mordido durante mi vida y los gatos me parecen poco cariñosos, sin embargo creo que no reciben un trato justo. Así como tampoco lo reciben los demás animales que se han usado históricamente para ser explotados.Las pocas veces que como carne (no vivo en una casa, sino en una especie de pensión) no puedo evitar sentir algo de culpa y repugnancia.

Matías es un perro saludable, juguetón e inteligente. Creo que es una de los seres más bellos de este mundo. Tiene un gran corazón, pese a que muchos digan que los animales no siente y no piensan. Yo no creo así. Es evidente que hay una gradación en el tipo de sensibilidad y cognición entre los seres que poseen un sistema nervioso central.  Pero eso no nos excusa para colocar todos ellos en un paquete que dice ‘comida’, ‘transporte’, ‘entretenimiento’ o ‘compañía’. Amo a los animales como podría amar a cualquier otro ser humano: en la medida en que deben recibir un trato justo y alcanzar su propia felicidad.

Oct
05

No sé quien eres. Por favor, créeme. No hay forma de convencerte de que este no es otro más de sus trucos, pero no me importa. Soy yo, y no sé quién eres pero te quiero. Tengo un lápiz. Uno pequeño que ellos no encontraron. Yo soy una mujer. Lo escondí dentro de mí. Tal vez no vuelva a escribir otra vez, así que esta es una carta larga sobre mi vida. Esta es la única autobiografía que escribiré y, dios mío, la estoy escribiendo sobre un trozo de papel higiénico.

Nací en Nottingham en 1957. Ahí llovía mucho. Cuando pasé a la secundaria me mandaron a una sólo de de chicas. Yo quería ser actriz. Conocí a mi primera enamorada en la escuela. Su nombre era Sara. Ella tenía catorce años y yo tenía quince, pero ambas estábamos en la clase de la Srta. Watson.

Sus muñecas. Sus muñecas eran hermosas.

Me senté en clase de biología, frente a un feto de conejo dentro de una botella de formol., escuchando al profesor Hird decir que lo nuestro era una fase adolescente que la gente supera… Sara la superó. Yo no.

En 1976 dejé de fingir y llevé a una chica llamada Christine a mi casa para que conozca a mis padres. Una semana después me mudé a Londres, matriculándome en una escuela de actuación. Mi madre dijo que rompí su corazón, pero mi integridad era lo que importaba. ¿Es eso tan egoísta? La integridad parece tan poca cosa, pero es todo lo que hemos dejado en este lugar. Es la última pulgada de nuestro ser…

… Pero es la única donde somos libres.

Londres: era feliz en Londres. En 1981 interpreté a Dandini en Cenicienta. Mi primer papel. Mi mundo era raro, susurrante y ocupado, con multitudes invisibles detrás de las grandes luces y todo el glamour fascinante. Era emocionante y también solitario. En las noches podía ir al Gateways o algún club de esos, pero yo era reservada y no me adapté fácilmente. Vi a mucha gente de la farándula, pero nunca me sentí cómoda ahí. Muchos de ellos solo querían ser gays. Era su vida, su ambición, todo sobre lo que hablaban… Y yo quería más que eso.

El trabajo mejoró. Conseguí pequeños papeles en películas, luego otros más importantes. En 1986 protagonicé “The Salt Flats”. Le gustó a la crítica, pero no al gran público. Conocí a Ruth trabajando ahí. Nos enamoramos. Vivimos juntas y en el día de San Valentín ella me envió rosas y, dios mío, tuvimos muchas. Esos fueron los mejores tres años de mi vida.

En 1988 llegó la guerra…

… Y después no hubo más rosas. Para nadie.

En 1992, después del golpe de estado, empezaron la persecución a los gays y lesbianas. Apresaron a Ruth mientras salía de compras. ¿Por qué nos tienen tanto miedo? La quemaron con colillas de cigarro y la obligaron a decirles mi nombre. Ella firmó una declaración diciendo que yo la seduje. Yo no la delaté. ¡Dios mío! La amé. Yo no la delaté… pero ella sí. Se suicidó en su celda. No pudo vivir con el peso de la traición, por haber dado aquella última pulgada de sí.

Oh, Ruth.

Vinieron por mí. Me dijeron que todas mis películas serían quemadas. Me raparon. Metieron mi cabeza dentro de la taza del inodoro y contaban bromas sobre lesbianas. Me trajeron aquí y me drogaron. No puedo sentir mi lengua. No puedo hablar. La otra lesbiana que estaba aquí, Rita, murió hace dos semanas. Creo que moriré muy pronto.

Es raro que mi vida pueda terminar en un sitio tan terrible como este, pero durante tres años tuve rosas y no tuve que pedir disculpas a nadie. Debería morir aquí. Cada pulgada de mi ser debería perecer…

…Excepto una.

Una pulgada. Es pequeña y delicada y es la única cosa en el mundo que vale la pena tener. No debemos perderla jamás, o venderla, o entregarla. No debemos permitir que nos la arranquen.

No sé quien eres, o si eres un hombre o una mujer. Nunca podré verte. No podré abrazarte o llorar a tu lado o emborracharme junto a ti. Pero te amo. Espero que escapes de este sitio. Espero que el mundo cambie y que las cosas mejoren, y que un día la gente tenga rosas otra vez. Desearía darte un beso.

Valerie

“Conozco cada pulgada de esta celda. Esta celda conoce cada pulgada de mi ser. Excepto una”.

Eve Hammond