Galleta Tuerta
Espacio personal

Quechua Huanca: La historia de don Eliseo

Textos tan conmovedores como este me llenan de entusiasmo y de cierta impotencia:

Remembranzas

Nací un día veinte del mes de enero de 1930, en el barrio de Qasana del pueblo de Chupaca. Toda mi familia es campesina: todos nosotros trabajábamos en la chacra y pasteábamos vacas. Eramos criados: servíamos a una familia. Pertenecíamos a quienes eran tildados de “indio carajo”. Es que mi padre era peón. Poco a poco, lentamente, mi padre, con la ayuda de mi madre, logró levantarse: se convirtió en propietario de ganado vacuno y de sementeras. Todo ello, por cierto, con el esfuerzo de mis padres, hermanas y hermanos. Al final, mis padres nos dejaron a todos con cierta comodidad.

A veces con pena, y otras con alegría, recuerdo mi infancia. De niño solía jugar con mis amgos en los alreddores de mi casa: cogíamos renacuajos, nos bañábamos en las pozas, nos lanzábamos barro. Tiroteando a los pájaros, agarrando sapos, solía caminar con los camaradas. Descalzos con los pies cuarteados, ensangrentado, a tropezones, andábamos apurados por los cerros, en el río, cogiendo peces, trepando árboles canturreando, guapeando. ¡Qué no habríamos hecho nosotros!

Siguiéndole a mi hermano fui a la escuela de Juan Castro. Cuando tenía ocho años mi padre me matriculó en ella. Allí aprendí a leer y escribir. Entré a la escuela estrenado ropa nueva; caminaba a tropezones con mis zapataos nuevos. COmo no hablaba bien el castellano, no podía entender lo que dcía el maestro. Por eso no podía aprender, nada quedaba en mi cabeza. Mi maestro solía azotarme, me hacía arrodillar; incluso recibí palmetazos en la mano. Por todas cosas andaba muy avergonzado, al no saber bien el castellano. Sufriendo lo indecible aprendía a hablar esta lengua. ¡He aquí que hasta ahora no consigo pronunciar bien mi castellano!

Luego, una vez salido de la escuela, ya adolescente, me fui a Huánuco con un grupo numeroso de paisanos, al Seminario de San Teodoro. Como yo era el finigénito, mis padres querían que fuerse cura. Luego pasé al Seminario de Santo Toribio en Lima. Posteriormente viajé a Arequipa. A los doce años me había ido a Huánuco y egresé de Arequipa. Estudié filosofía y teología; incluso asi llegué a ser cura.

Luego regresé a mi tierra. Toda mi famlia estaba profundamente apenada por haberme retirado del Seminario. Como dije, ellos querían que fuera sacerdote. Por eso, recordando los sufrimientos de mis padres, hasta ahora lloro.

Cuando tenía veintisiete años ingresé a la Univesidad Católia. Allí me formé para profesor. Estudié cincos años y me recibí de docente. Ya cuando estaba maduro pensé en casarme. Había conocido muchachas tanto en Huancayo como en Lima, pero no habían sido para mí. En eseo me carteaba con una muchacha brasileña por espacio de cuatro años. Y luego, yendo a su país, nos vimos en persona. Después vino ella a Lima, para que nos casáramos. ¡Sin pensar me casé con una brasileña!

Ya casado, proseguí mis estudios por dos años más para doctorarme. Me doctoré en pedagogía y filosofía. Toda mi familia me ayudó cuando estuve en el Seminario. Incluso cuando estudié en la Universidad recibí la ayuda de ellos, pero entonces los gastos no eran tan altos.

Luego de titularme como profesor, trabajé en escuelas y colegios, tanto diurnos como nocturnos, de manera que pudiera mantener a mi mujer y mis hijos. Después enseñé también enla Universidad Católica por espacio de trece años. Ahora trabajo en la Universidad Femenina; actualmente soy decano de su Facultad de Traducción.

Mis padres fueron también chupaquinos. Ya se murieron. Mi padre hablaba quechua y castellano también. Mi madre, por el contrario, sólo hablaba quechua. ¡Ella era una excelente mujer, muy hacendosa! Ambos eran pobres. Me acuerdo de cuando ahorraban dinero; no me olvido de sus padecimientos. ¡Seguramente podría escribir un libro, acerca de sus sacrificios! Ahora, todos nosotros (los hijos) tenemos siquiera algo. Y es que mi padre nos enseñó a hacer bien las cosas. Con el trabajo esmerado siempre es posible cosneguirlo todo. Mis padres solían odiar a muerte a los ladrones, ociosos y mentirosos.

La gente del valle era muy laboriosa, y solía expresarse estupendamente en nuestro quechua. Ahora ya no es así. Ahora se averguenzan de ser campesinos, de hablar quechua. Incluso quisieran desconocer a sus padres. ¡De dónde les vendrá esa maldita verguenza! Los mozos y las mozas ya no quieren hablar el quechua; todos se averguenzan de él: dicen que es el “habla de los indios”. Para ser gente -dicen- deberíamos hablar castellano, inglés o cualquier otra lengua. ¡Sólo así somos gente!, dicen. De igual manera ya no gustan de nuestra comida tradicional, de nuestras canciones, bailes y de todo aquello que forma parte de nuestra cultura. Ya no vemos ni el poncho, ni el cotón ni las ojotas. Hay quienes ni siquiera quieren llevar el apellido de sus padres. ¡Seguramente tienen la cabeza curada!

Por todo ello, mis queridos compoblanos, yo quisiera pedirles lo siguiente : estudien lo que fuere, vayan donde quieran, sean lo que sean, pero no olvidemos a nuestros padres ni reneguemos de su lengua. No despreciemos nuestro pueblo ni echemos a perder su cultura ni las enseñanzas de nuestros padres. Que prevalezcan la lengua y cultura de nuestros pueblos. Los que tenemos preparación no debemos permanecer como espectadores asistiendo a la extinción de nuestro legado cultural. Seamos como los quinguales, como los quíshuares, siempre erguidos ante la tormenta. Después de todo, los huancas son temerarios; no conocen el amedrentamiento.

Cerrón-Palomino, Rodolfo. Lengua y sociedad en el valle del Mantaro. IEP. Lima. 1989. Pag. 128-130.

Una respuesta to “Quechua Huanca: La historia de don Eliseo”

  1. Hola
    Es una hermosa historia, me parece una grata casualidad encontrarla en la red como parte de las reflexiones de un par de estudiantes de Lingüística de mi antigua Facultad. No sé quién seas, llegué a ti por el blog de Imverbe que tampoco sé quién es, pero creo que ambos tienen unos hermosos blogs… Pensaba pasar así no mas en silencio pero me han dejado sinceramente conmovida y no puedo evitar escribirte al menos a ti (esto también va para Imberve, espero que también lea mi comentario).

    Ahora mismo pienso que ojalá ustedes dos y las demás personas que colaboran en la página de estudiantes de lingüística sean síntoma de que en verdad las cosas estan cambiando por allá, de que las Humanidades se renuevan y renacen de Verdad al reavivarse con la presencia de alumnos nuevos como ustedes que le ayudan a recuperar su verdadero sentido, útopico e ideal, pero intimamente humano y posible. Leerles y ver lo que expresan acerca de como ven el estudio de la linguística en tanto herramienta perfectiva de la propia humanidad y de ustedes mismos, me deja extremamente conmovida y animada esta noche. Por cada alumno que piense así en cada carrera universitaria, sea lingüística, literatura, historia, arqueología u otra especialidad, la PUCP debe empezar a sentirse realmente orgullosa.

    Me siento muy conmovida y agradecida de haberme dado casualmente hoy con el blog de ustedes dos. Son una suerte de buenas noticias para mí, acabo de agregarlos a los dos a mis favoritos para no olvidar leerlos en mis horas libres.

    Un gran abrazo en la distancia, Vanessa Soldevilla S.


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