Galleta Tuerta
Espacio personal

Tomar las armas

Este es el testimonio del Dr. Eliseo Salvatierra Jiménez, colaborador en el taller de Trabajo de Campo dictado por Rodolfo Cerrón-Palomino. Yo asisto a este taller y lo disfruto mucho. Al momento de leer este texto, apenas había conversado con el señor Eliseo un par de veces. Sólo supe que era un texto escrito por él cuando lo terminé, cuando mi corazón latía fuerte y mi mirada se perdía por una nostalgia ajena. Acababa de leer uno de los testimonios más sinceros y conmovedores de un hablante de quechua.

En la clase de aquel día no podía dejar de tener la impresión de que don Eliseo encarnaba el derrotero vital de una lengua en desventaja: él se confundía muchas veces al elegir ciertas palabras, uno tenía que hablarle de manera pausada y en voz alta, olvidaba detalles sobre el significado de los términos y colocaba en su lugar otros ajenos al dialecto estudiado. Don Eliseo se sentía presionado por darnos la mejor información posible, respondía a nuestras dudas y nos decía si habíamos pronunciado correctamente las oraciones. Luchaba contra sí mismo, contra su memoria. Se ponía la mano en las sienes y cuando se daba por vencido decía resignadamente: ‘no me acuerdo’.

No digo aquí que el señor Eliseo sea una metáfora predictoria del desarrollo del quechua huanca. Pero tampoco puedo olvidar que una lengua la constituyen sus hablantes. Muchas veces entro a clases pensando si lo que hacen los académicos no favorece una actitud fetichista hacia cualquier idioma. Una actitud de ‘lenguas sí, hablantes no’ del que hablaba Virginia Zavala. ¿Acaso no es más acuciante en nuestro país salvar las diferencias socioeconómicas antes que los problemas de corte linguistico? No quiero quitar mérito al trabajo de los linguistas (o el de los prospectos de linguistas como yo) pero no se puede consentir creer que la lengua vale por sí misma.

La lengua es una herramienta cultural, de poder, de comunicación, de expresión artística, una puerta al funcionamiento de la mente, un medidor de nuestra situación histórica, política y social. Mi opinión puede sonar contradictoria viniendo de quien viene. Pero es mi opinión, no necesariamente la del resto. Veo al señor Eliseo y siento que su heroica postura con respecto al quechua es admirable. Pero no puede desligarse de la situación de paria en la que viven sus hablantes. Veo al señor Eliseo y siento que él nos incita a pensar en la situación del indígena y no tanto en su idioma.

Un linguista no debe olvidar que su trabajo es un punto de partida hacia algo más grande. Lo digo porque siento cierto narcisismo en el regodeo intelectual de ciertos humanistas. ¿De qué vale tener una impecable gramática ‘de salón’ si es que no se aplica para situaciones reales? ¿Podemos ser neutrales políticamente en un país donde se ampara la desaparición de las lenguas? ¿Qué espera el país de nosotros? ¿Un conocimiento infértil o uno que sea el motor de cambios sociales a gran escala?

El linguista, como todo humanista, no puede ignorar estas preguntas. Ya que los recursos que se emplean en la educación de una élite intelectual deben ser restituidos en cierta medida por el trabajo de sus nuevos miembros. Aquí no hablo de restitución ‘en metálico’, sino de ‘capital humano’. Uno no se sirve de la Ciencia bajo las ‘leyes del supermercado’, tomar lo que quiera, pagarlo e ir a casa. No lo creo. Uno se aproxima a la Ciencia para comprenderla y hacerla mejor. Este esfuerzo acumulativo y reflexivo es una de sus características más singulares. De esa misma forma, el linguista debe acercarse a la linguistica para hacerla mejor y, simultáneamente, hacer mejor a la comunidad de hombres para las que trabaja.

Estas palabras pueden sonar muy idealistas, pero es la forma como se manejan las cosas en los medios académicos. No empezaron a existir en el momento en que las dije. Estas ideas siempre estuvieron allí. El gran problema radica en internalizar el peso de esta enorme responsabilidad en los jóvenes. ¿Cómo luchar contra toda una corriente liberal de pensamiento que deja a las humanidades en un sitio accesorio? ¿Cómo hacer para dejar de pensar en términos económicos asuntos que son de corte humanista?

Tal vez es una de las preguntas más difíciles de responder. Una vez resuelto este desfase podremos hacer de nuestras herramientas de trabajo auténticas armas de batalla.

Una respuesta to “Tomar las armas”

  1. Querido Ernesto,
    felicitacioes por tu post.
    No creo que sea una postura idealista la tuya sino ética. Y creo que es así como debemos pensar si “nos la damos de humanistas.” Nuestro trabajo no puede circunscribirse a la lengua y decir qe es políticamente neutro, eso no existe,,, Estoy convencida de que quienes afirman eso, en verdad lo que hacen es no cuestionar el estatus quo y no querer transformar las relaciones coercitivas de poder.
    Una de las cosas por ejemplo que creo que un lingüista comprometido debe erradicar es el concepto de informante,,,,
    un abrazo
    Nila


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