Galleta Tuerta
Espacio personal

Informe de Taller de Trabajo de Campo (salida al valle del Mantaro)

 

 

 

Hace un tiempo hablé un poco sobre el dialecto Huanca del quechua. Bueno, en el taller que dicta el profesor Cerrón-Palomino tuvimos la oportunidad de viajar al valle de Mantaro para confrontar la información in situ y vivir una experiencia lo más parecida al del investigador en Linguistica. El siguiente texto es el informe que entregué al profesor hace unos días. Lo digo por si lo encuentran muy formal:

 

Comedor del templo de Ocopa

 

Recorrer el valle del Mantaro me ha servido para constatar empíricamente los datos vistos en clase. Hallé mucha satisfacción al ver como se aplicaban las reglas gramaticales estudiadas en la universidad sobre la información recogida. En un primer momento necesité el apoyo del profesor y el asesor; sin embargo, momentos después, me sorprendí al verme sacando conclusiones por mi propia cuenta.
Durante las dos jornadas pude constatar las diferencias entre sub-dialectos. Los contrastes fueron principalmente de corte fonético. Pude ver el comportamiento de la antiguo fonema /q/ en sus tres variantes: aspiración, salto glotal y alargamiento compensatorio. Para estos fines se preguntaba al hablante como se pronunciaban las glosas ‘rodilla’, ‘corazón/entrañas’ y ‘nariz’. Lamentablemente no pude hacer preguntas de corte morfológico ya que eso hubiera requerido una sesión particular con cada uno de los colaboradores y el uso de paradigmas algo extensos. El tiempo apremiaba y la situación no era muchas veces la más adecuada para realizar largas entrevistas. Asimismo, de haberlo intentado, habría interrumpido el diálogo entre el profesor, el asesor y el hablante de manera arbitraria y, tal vez, sin muchos resultados. Para tranquilidad mía, cuento con grabaciones extensas de los relatos y entrevistas hechas a los informantes.

 

El profesor Cerrón, don Eliseo Salvatierra, Rafaela Mesa y los alumnos del taller

 

 

Como mencioné antes, ciertos factores jugaron en contra nuestra: la brevedad de las visitas, el apuro por visitar el pueblo siguiente, la escasez de hablantes, la edad de los mismos y su reticencia a ser entrevistados. Pese a todo ello, pudimos tener buenas entrevistas. Con esto me refiero a las personas que dominaban el idioma como lengua materna y colaboraban abiertamente con nosotros. Considero que esa es la satisfacción emocional más grande que tuve: ver a la gente contenta y capaz de ‘reecontrarse’ con un diálogo en quechua. Yo no hablo el idioma, pero creo que no hay que saber ninguno en particular para ser permeable a estos sentimientos universales.No todo fue positivo en la jornada.

El impacto que causamos en cada población fue evidente: llegábamos en un autobús moderno, cargábamos grabadores y cámaras fotográficas y preguntábamos por una lengua que muchos creían extinta. Fuera de nuestro aspecto físico, nuestra propia conducta nos delataba. Dado que había escasas posibilidades de hacer más de una entrevista por comunidad, todos prestábamos nuestra atención a una sola persona. La imagen era un poco intimidante: trece personas alrededor de una sola. Sin embargo, la gente con la que tratamos fue afable y paciente. Considero que fue así debido al trato personal del profesor y el asesor. A mí, particularmente, me hubiese costado mucho iniciar una conversación si no es hablando sobre la zona donde nos hallábamos. En ese sentido, la experiencia de vida de ambos nos sirvió para ‘romper el hielo’ en las entrevistas.

 

En el restaurante tur�stico 'Los álamos'

 

Los entrevistados eran personas de avanzada edad. Eso significó tener que lidiar con dificultades de corte auditivo y articulatorio (ancianos que no poseían toda su dentadura y otros que no escuchaban bien). Considero que la distribución sumamente espaciada y la antigüedad de los hablantes son sintomáticos del retroceso de la lengua. No había hablantes maternos menores de sesenta años, incluso había algunos de esta edad que no podían hablar el idioma pero sí comprenderlo. Todos demostraban una actitud positiva con respecto al rescate del idioma (hablar ‘como los antiguos’, decían ellos) pero sin un auténtico convencimiento. Asimismo, casi todos los entrevistados eran ancianas de extracción rural y de escasos recursos. Confirmaba que la situación del idioma estaba acompañada fuertemente por las condiciones socioeconómicas de la población. Al ver a tan pocos hablantes y observar la nulidad de espacios de comunicación sentí que presenciaba la muerte del idioma. La impotencia y la tristeza que me transmitía esta terrible impresión opacaban cualquier satisfacción académica personal.

Celebrando la fiesta de todos los muertos en Ocopa

 

 

Finalmente, alejándome un poco de la experiencia directa con los hablantes, el profesor y el asesor nos ofrecían información de corte histórico y cultural. Encontré valiosos e interesantes estos diálogos ya que me permitían ubicar mi experiencia en una ‘coordenada cultural’ mayor. De otra forma se nos hubiese dado la ficción de abordar al idioma ‘con pinzas’ desligándolo de sus matices más humanos.

 

9 comentarios to “Informe de Taller de Trabajo de Campo (salida al valle del Mantaro)”

  1. Querido Neto,
    no puedo dejar de hacer este comentario aunque sé que no le va a gustar a muchos: Qué chistoso se ve Cerrón con su sombrero, parece un hacendado.

    Bueno pasando a cosas un tanto más serias, yo tengo mis dudas sobre el trabajo de campo en el que se maneja el concepto de “informantes” y he visto que tú has sido muy cuidadoso de no utilzarlo en este post.

    Sin duda, salir al campo es muy enriquecedor. Se aprende mucho no solo como investigador sino, fundamentalmente, como persona.

    El trabajo de campo donde el investigador va y obtiene beneficios de su visita (corpora) y los “investigados” no obtienen nada, no me convence. Creo en el trabajo de campo que se útil para los comuneros y los investigadores

    un abrazo
    Nila

  2. Hola Nila:

    Yo pensé que Cerrón parecía un cowboy. No tuve la ’suerte’ de conocer a ningún hacendado, así que no tengo como compararlo con uno. Jajaja.

    Tienes razón con respecto al trabajo de campo. Yo sentí que irrumpíamos la tranquilidad de la gente y que usurpábamos sus conocimientos. Si se puede decir algo así. No había forma de retribuir (ni siquiera monetariamente) el trabajo de los pobladores. Me sentí como una especie de ‘ladronzuelo’. Tal vez esta experiencia fue tan ‘relámpago’ que no me dio lugar (como expliqué en el texto) a tratar más cercanamente a la persona.

    Concuerdo contigo con que debe haber una retribución. Si no monetaria, al menos de corte social o educativo. Tú debes saber mucho más al respecto.

    Un abrazo

    Neto

  3. Hola, primero gracias por pasar por mi blog y dejar un comentario. Yo me llamo Milán y veo que estamos algo conectados a través de los “memes” con Nila.

    Segundo, que interesante el trabajo que han hecho. En otro blog leí algo similar de un viaje de trabajo de campo y también comenté allí. Creo era de una chica llamada Lucia, si no me equivoco claro.

    Yo viví en el Valle del Mantaro, digamos que pertenezco a la rama que nunca aprendió en quechua (que casi ni existe). Mi familia, mis antepasados tampoco nada de nada de quechua. El Valle tiene su historia en ese sentido y viene desde los españoles…

    Saludos, leeré tu blog con frecuencia.

  4. Hola Ernesto:

    Recién me he dado tiempo de leer tu informe. En primer lugar, quiero decirte que te “envidio” positivamente, jeje. En la universidad, nunca tuve esa experiencia. Mi curso de trabajo campo en realidad fue un curso de analísis lingüístico, jejeje. Así que me parece maravilloso que esta vez el profesor Cerrón sí se haya animado (seguramente debido al interés de ustedes) a realizar un pequeño viaje.

    Por otro lado, aun cuando sientas que no has podido corresponder a la comunidad en nada, yo creo que la experiencia ha sido positiva porque han podido tener un contacto de primera mano con la situación de una región del país, constatar la realidad del quechua, y, también, como tú lo has dicho, reflexionar sobre en qué medida se puede conciliar el trabajo académico con el compromiso social.

    Tal vez dé para otro post o para más conversaciones, pero yo también siempre he tenido la gran palta de cómo se puede hacer para que nuestro trabajo de lingüístas aporten en algo a las comunidades. Yo no he sido mucho de trabajo de campo (confieso que lo más cerca que he estado de eso ha sido más bien sin salir de Lima, grabando conversaciones, clases, o elicitando corpus con hablantes) y, en realidad, tengo la posición de que no es necesario que tu trabajo sea el comprometido, mientras que tú lo seas. Entonces, eso me evita sentirme mal cuando hago mis trabajos de lingüística generativa, jeje. Sin embargo, me doy cuenta que sí puede ser bastante injusto el llegar a una comunidad, sacar datos, hacer una gramática o, incluso, hacer trabajos de corte sociolingüístico que no van a beneficiar en lo absoluto a la gente (solo van a servir, si quieres, para beneficiar a la disciplina, pero no estoy segura si eso es importante). Ahora, el problema es tan grande que, de verdad, no creo que, por más buenas intenciones que tenga un lingüísta de que su trabajo sí tenga alguna repercusión, algo se logre. Habría que ver la manera de que los lingüistas logren más presencia en las decisiones del estado (no sé, en los ministerios?) y ver en qué se puede aportar desde nuestra especialidad.

    En todo caso, yo sí creo que es un avance que ustedes hayan tenido esta experiencia de trabajo de campo. Como lo comentábamos en otro blog, por ahí que poco a poco sí se van a dar cambios positivos en la facultad.

    Saludos

    Teresa

  5. Querida Teresa:

    Me alegra mucho que estés al tanto de mi blog. El viaje del taller fue algo muy sui generis por lo que veo. Todo el mundo me dice que no hubo viaje desde hace mucho (si es que lo hubo alguna vez). La verdad es que es mi segunda salida al campo. La primera fue cuando salimos a la comunidad de Yamino para estudiar el cacataibo. En esa ocasión fuimos con Roberto Zariquiey. La verdad es que no disfruté tanto aquel viaje como el de hace poco. Por diferentes razones. Entre otras porque en esta ocasión estaba más empapado sobre la lengua estudiada y sabía que esperar.

    Comparto contigo tus dudas con respecto a la trascendencia y aporte del trabajo linguistico. Posteé alguna vez al respecto. La verdad es que en estos días yo mismo me lo cuestiono una y otra vez. Tal vez el punto neurálgico de la situación de la linguistica actual es hacer de su labor algo más interdisciplinaria. No tengo ánimos de ofender, pero me parece que en gran parte el generativismo pudo haber aislado la linguistica de la realidad social. A mí me parece que el generativismo es una buena herramienta explicativa, pero me causa suspicacia todo aquel aparato teórico. Un castillo de cristal en la punta de un alfiler. Así lo siento. Repito, disculpa si suena algo fuerte.

    Debería haber una forma más humana y solidaria de acercarse a las lenguas indígenas. No lo sé. Apenas llevo dos años estudiando. Pero mi corazón me dice que vivir de gramáticas no cambiará las cosas. Sueno necio e ingenuo al decirlo. Lo sé. Contradictorio, tal vez. Ya me ha caído mi chiquita por decir lo que pienso.

    Sin embargo, alejándonos del pesimismo, tú has mencionado algo alentador: presencia de linguistas en el Estado. Gente desprejuiciada y profesional que trabaje en la educación auténtica de lenguas indígenas. ¿Acaso es ahí donde debemos chambear para provocar un cambio social?

    Finalmente, los cambios en la facultad es una ‘race against the machine’. Tal vez tú me puedas echar una mano con eso. Te invito a formar parte de la revisión del plan de estudios. Tu opinión es mucho más que valiosa.

    Un fuerte abrazo

    Neto

  6. Hola Milán:

    Muchas gracias por tu comentario. Voy a postear pronto un poco más de mi salida al campo. Realmente la situación es de una lengua en agonía. La gente tiene muy internalizada la idea de que el quechua no existe y que si así fuese debería desaparecer. Es el ‘auto-odio’ del que hablaba el profesor Cerrón-Palomino. El desconocimiento es el camino perfecto para la debacle cultural.

    Con la mano en el pecho te diré algo: tendría que suceder un milagro para que esta variedad sea revitalizada.

    Saludos

    Neto

  7. Hace algunos días tuve una clase sobre lingüística andina. El profesor empezó a hablar sobre la Academia de la Lengua Quechua, que está en el Cusco. Dijo algo así como: “es una academia en manos de poetas”, que no tiene en cuenta la normatividad del idioma andino, ni lo pone en práctica en las calles del Cusco o de los alrededores. Usa por ejemplo la C en lugar de la K o la apóstrofe en algunas partes y en otras no.
    Lo triste es que la Academia Quechua no mira más allá de sus fronteras y quiere mantener la idea de que el Quechua fue el idioma de los Incas. Y lo que me parece peor es que no vele ni por la protección ni normativización del idioma.
    Cuando yo escuché a mi profesor me pregunté a mí misma que hacía en esa clase. Mi profesor es una persona que como dijo otro “es una araña en su telar” que ha publicado artículos y tiene contactos aquí y allá.
    El caso es que me he quedado pensando en esa idea de : “los linguistas tienen que meterse en la vida social (por no decir política)” y no tanto ser una figura de escritorio. A mí me encantaría trabajar en el Ministerio de Educación, por ejemplo, no soy una linguista de vocación, pues me dediqué a la literatura con todo mi corazón… pero hay tantas cosas por hacer allí en los colegios, las universidades, los institutos… ese sería mi punto de partida😉

  8. Susanita:
    Justo en estos días estoy leyendo el libro de Rosaleen Howard: Por los senderos de la lengua. Ideologías linguisticas en los Andes. El libro, como su título señala, analiza el conjunto de creencias y valores que tienen diferentes actores sociales sobre las lenguas con las que conviven. Menciono esto porque hay un capítulo en el que menciona a la Academia de Lengua Quechua del Qosqo. La entrevista que le hizo Howard al fundador de esta institución es simplemente desconcertante. Personalmente fue uno de los textos que más indignación me han causado. Resumiendo la entrevista: la ideología que propone esta institución es altamente colonizadora, ‘linguicista’, elitista y ciega a la realidad circundante.

    Me gustaría que veas este libro, está muy bien planteado. Lamentablemente lo he dejado en pausa ya que estoy con los finales encima. Pero prometo que postearé pronto sobre el libro.

    Un fuerte abrazo

    Neto

  9. Hola Ernesto,
    Mi nombre es Carlos Contreras, soy escritor cinematográfico y estoy investigando acerca de lenguas indígenas en peligro de extinción. A pesar de que he hecho mucha investigación, tengo muchas preguntas con respecto al trabajo de campo de un linguista. Me gustaría mucho pudiéramos iniciar un diálogo. Si estás interesado, por favor envía un email a: cosmovart@gmail.com

    Si deseas conocer más acerca de mi trayectoria, puedes ingresar a este link:

    http://www.binger.nl/site/index/film-makers/personal/289?letter=C

    Mil gracias por tu tiempo.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: