Galleta Tuerta
Espacio personal

El Filósofo y la risa I: El nombre de la rosa

Hace mucho no escribo y no escribiré dentro de cierto tiempo. Los dejo con extractos de una de mis novelas favoritas: El nombre de la rosa. Esta es una novela de amplias interpretaciones y riquísima en contenido. Puedo decir, en afán marketero, que es una inigualable novela policiaca ambientada en una abadía del siglo XIII. En este fragmento, cercano al desenlace final, veremos lo que se oculta detrás del ocultamiento de un libro escrito por el Filósofo. ¿Qué motivos mueven tantos asesinatos? ¿Qué se oculta detrás de la imagen profética del bibliotecario ciego? ¿Por qué es tan importante mantener en las sombras ciertas verdades? ¿Cómo hubiera sido nuestro mundo de haber conocido la segunda parte de la Poética de Aristóteles?

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– Pero ahora dime -estaba diciendo Guillermo-, ¿por qué? ¿Por qué quisiste proteger este libro más que tantos otros?¿Por qué, si ocultabas tratados de nigromancia, páginas en las que se insultaba, quizá, el nombre de Dios, sólo por las páginas de este libro llegaste al crimen, condenando a tus hermanos y condenándote a ti mismo? Hay muchos otros libros que hablan de la comedia, y tambíen muchos otros que contienen el elogio de la risa. ¿Por qué éste te infundía tanto miedo?

-Porque era del Filósofo. Cada libro escrito por ese hombre ha destruido una parte del saber que la cristiandad había acumulado a lo largo de los siglos. Los padres habían dicho lo que había que saber sobre el poder del Verbo y bastó con que Boecio comentase al Filósofo para que el misterio divino del Verbo se transformara en la parodia humana de las categorías y del silogismo. El libro del Génesis dice lo que hay que saber sobre la compsoción del cosmos, y bastó con que se redescubriesen los libros físicos del Filósofo para que el universo se reinterpretara en término de materia sorda y viscosa, y para que el árabe Averroes estuviese a punto de convencer a todos de la eternidad del mundo. Sabíamos todo sobre los nombres divinos, y el dominico enterrado por Abbone, seducido por el Filósofo, los ha vuelto a enunciar siguiendo las orgullosas vías de la razón natural. De este modo, el cosmos, que para el Aeropagita se manifestaba al que sabía elevear la mirada hascia la luminosa cascada de la causa primera ejemplar, se ha convertido en una reserva de indicios terrestres de los que se parte para elevarse hasta una causa eficiente abstracta. Antes mirábamos el cielo, otorgando sólo una mirada de disgusto al barro de la materia; ahora miramos la tierra, y sólo creemos en el cielo por el testimonio de la tierra. Cada palabra del Filósofo, por la que ya juran hasta los santos y los pontífices, ha trastocado la imagen del mundo. Pero aún no había llegado a trastocar la imagen de Dios. Si este libro llegara… si hubiese llegado a ser objeto de pública interpretación , habríamos dado ese último paso.

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 Eco, Umberto. El nombre de la rosa.  RBA.

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