Galleta Tuerta
Espacio personal

En contacto con el cosmos

Me gustaba mirar el cielo cuando podía ver algo en él. Cuando vivía en Piura (hace ya cuatro años) solía sentarme a contemplar la noche estrellada en el patio de mi casa. Observaba durante muchos minutos aquellos diminutos puntos brillantes tratando de escrutar su iridiscencia y movimientos. Luego de un rato aparecía una sensación de vértigo. ¿A qué distancia se hallaban esas estrellas? ¿Están suspendidas del firmamento con una especie de soga invisible? ¿O simplemente estaban dibujadas en los confines del cielo para confundir a los curiosos? ¿Algún día caerían sobre mi casa? ¿No serán platillos voladores con gente adentro? Muchas preguntas que no me atrevía a hacer a mis profesores del colegio y que, seguramente, tampoco me hubieran respondido.

Tomé la decisión de no pensar más en ello. Solo sería me generarían pesadillas. Fue justo por esa época que conocí a la teniente Ellie Arroway:

Tenía once años y venían a mi mente imágenes de ovnis y hombrecillos de ojos grandes cuando se me hablaba de viajes espaciales. Mi visión de lo extraterrestre era un perfecto producto de los ‘mass media’. De muestra un botón: mi hermano mayor coleccionaba revistas sobre temas esotéricos y recuerdo nítidamente que una de ellas se titulaba ‘Ovni’. En la revista se mostraban platillos voladores y se hacían reportajes sobre abducciones, evidencias de vida extraterrestre y avistamientos. Llegué a ver ‘Contacto’ repleto de ideas de invasión y secuestros.

‘Contacto’ es una de aquellas películas que llevaría a una isla desierta (obviamente equipada de un buen sistema de video). Algunos pueden membretarlo en el rubro de ciencia ficción, pero sería restarle créditos a todo el contenido filosófico que carga. Pero esta película puede ser más perturbadora que cualquier otra que se haya hecho sobre contacto alienígena. Está ambientada en nuestros tiempos y retrata la historia del primer contacto del hombre con civilizaciones extraterrestres. ¿Qué tiene eso de nuevo? El hecho de que cada una de sus escenas es absolutamente verosímil. Desde el proyecto de búsqueda de inteligencia extraterrestre del que forma parte la astrónoma Arroway (papel interpretado por Jodie Foster), el material recibido desde el ‘otro lado’ (ondas de radio), la construcción de un dispositivo para un supuesto viaje interestelar, el mismo contacto (que es el precisamente lo que se ve en el video anterior), hasta la polémica internacional que se desató. Un debate que entremezclaba peligrosamente lo político con lo religioso.

¿Cómo empezó todo? El furor de la primera señal: prueba irrefutable de una conciencia al ‘otro lado. Una sencilla serie de bits:

“Ahora supongamos que recibimos un mensaje. ¿Cómo sería? He aquí una posibilidad: habría un rayo potente o una señal de anuncio, algo que dejara muy claro, sin ambigüedades, que estábamos recibiendo un mensajede una civilización avanzada. Podría ser, por ejemplo, muy monocromático; es decir, una banda de radiofrecuencia extremadamente estrecha y/o podría ser una secuencia de puloss claramente de origenno natural. Por ejemplo, una secuencia de números primos, los números divisibles sólo por 1 y por sí mismos: 1, 2, 3, 5, 7, 11, 13, 17, 19, y así sucesivamente. No hay proceso natural que pueda producir estos números”.

(p. 142)

SAGAN, Carl. ‘La diversidad de la ciencia. Una visión personal de la búsqueda de Dios’. Planeta. Bogotá. 2007

1, 2, 3, 5, 7...

La imagen de Foster observando la inmensidad del universo nada tenía que ver con los rostros aterrorizados de los ingleses siendo atacados por los marcianos en ‘La guerra de los mundos’. A esa repugnancia y terror se sobreponía una admiración inconmensurable. ‘I have no words’ dice Ellie mientras observaba galaxias nuevas. Pero había un hombre que sí tenía las palabras para describir la belleza del cosmos. Ese hombre era Carl Sagan.

Carl Sagan es el autor de la novela ‘Contacto’. La misma que fue el punto de partida para crear la película homónima. Sagan es una persona excepcional. Tal vez un caso nada estereotípico sobre como asumir la labor científica. Trabajó como astrónomo para la NASA, ganó innumerables premios (entre ellos el Pulitzer por una publicación científica de divulgación popular) y fue el creador del programa de televisión sobre contenido científico más visto de la historia: ‘Cosmos’. Él ha conjugado la erudición y la popularización de su campo de estudio: la astronomía. Pocas personas en el mundo de las ciencias (incluso el de la lingüística) pueden ufanarse de tales logros.

Así como Ellie pensaba fervientemente en la existencia de vida inteligente fuera de este planeta, así Carl Sagan promovía la discusión sería y científica sobre este tema. ‘Si estuviéramos solos, sería un gran desperdicio de espacio’, decía Sagan en la voz de la teniente. A los once años, empecé a comprender lo inmensamente ‘humanocentrista’ que es nuestra visión del universo: “somos los únicos en el cosmos y si es que existe algo distinto a nosotros debe ser inferior o irracional”. Eso me hace pensar: si entre nosotros mismos existe una fibra delgadísima que separa a la guerra de la paz, es de esperar que un contacto con otras formas de vida (sean estas superiores o análogas a nosotros con respecto a su desarrollo tecnológico) sea violento. Y tal diferencia entre humanos y no-humanos no sería solo fenotípica, cultural o social; sino también lingüística.

La lingüística, al igual que la astronomía, es ciencia y parte de la Ciencia. Ciencia con mayúscula. Quiero decir que no debe observársela, en este sentido, como parte de las ciencias humanas, sociales o biológicas de forma exclusiva, sino como seguidora del espíritu de investigación que busca sistematizar el conocimiento cualquiera que sea (espero no haber sido demasiado laxo en esta definición) . Retomando el punto, la lingüística, al igual que la astronomía, tiene (o debe tener) entre sus roles el de desprejuiciar al gran público. He notado que gran parte (si no todos) los lingüistas que he conocido son personas abiertas de mente y bien informadas, pero eso constituye una cifra ínfima con respecto al resto de la población nacional. Una élite que puede pensar analítica y objetivamente sobre el fenómeno del lenguaje. Pero… ¿qué sucede con los no-lingüistas? ¿Se debe popularizar, al estilo Sagan, los avances de esta ciencia? ¿Qué beneficio traería ese ‘contacto’ entre el gran público y los lingüistas?

Comparemos dos preguntas análogas:

A. ¿Puede un niño de once años dejar de pensar en los extraterrestres como criaturas repugnantes y violentas?

Rpta: Sí.

B. ¿Puede un niño de once años dejar de pensar en los quechuahablantes como personas frustradas comunicativamente e intrínsecamente ignorantes?

Rpta.: _______

Esas fronteras entre ‘el uno’ y ‘el otro’ (quechuahablante/castellanohablante, humano/no-humano), entre lo que aprendemos y lo que observamos son tan concretas como la realidad misma. Por eso es difícil su deconstrucción. Podemos pensar pulcramente que, mediante un buen programa de educación, nuestro niño de once años aprenderá que todas las lenguas son funcionalmente iguales pero apreciadas de formas negativa o valorativa de acuerdo a su historia particular. Pero cuando cruce la puerta del colegio… ¿seguirá pensando eso? ¿Escuchará y constatará una posición contra otra? Eso es pedirle demasiado a un niño. Una forma de pensar tan compleja es propia de un adulto perspicaz.

¿Qué hacer para que un niño responda afirmativamente a B? Tal vez, convencerlo hablando en su ‘idioma’. ¿Sólo en la escuela? Aquí es donde viene la parte más difícil, pero no imposible, de mi propuesta: el lingüista debe ser un científico mediático. Así como lo fue Sagan y convenció al niño de once años que escribe estas líneas, así también debe prepararse a un lingüista para la enseñanza y la popularización de sus conocimientos. Tener un espacio en la educación formal, en los diarios, los programas de TV y radio (podría hablar de los blogs pero ese terreno ya está conquistado hace mucho). Espacios auténticos para auténticos lingüistas. No para fetichistas de la escritura y la normativa que solo han generado un despretigio a la carrera y la imagen social de este gremio. Espacios donde se hablen de temas novedosos y valiosos (pe. discriminación, historia de las lenguas, enseñanza de lenguas extranjeras, etc). Contenidos accesibles y amables, apasionantes y, sobre todo, desprejuiciadores. Nada vale regodearse con teorías sino se aplican a casos cercanos a nuestro día a día.

Carl Sagan

——-

Me siento a observar. Esta noche está despejada. Luego de un rato surge la sensación de vértigo:

¿A qué distancia se hallaban esas estrellas? ¿Están suspendidas del firmamento con una especie de soga invisible? ¿O simplemente estaban dibujadas en los confines del cielo para confundir a los curiosos? ¿Algún día caerían sobre mi casa? ¿No serán platillos voladores con gente adentro?

¿Con hombres como C.S.?

1

1

2

3

5

7

Ninguna respuesta to “En contacto con el cosmos”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: