Galleta Tuerta
Espacio personal

Cholo

‘Cholo’ es un perro negro. No me queda claro por qué mi madrina le puso ese nombre. Además de Cholo están ‘Blanca’ y ‘Negro’. Probablemente, si mi madrina cuidase a un perrito más le llamaría Chino.

Tal vez ella le puso ese nombre pensando en su color de pelo. El Cholo tiene mucho colores: blanco, marrón y negro. Como muchos perros mestizos. Al igual que nuestra jerarquización racial humana, existe también una jerarquización racial canina. Una ficción que, al igual que a nosotros, pone a unos por sobre encima de otros. Cholo, al igual que Blanca y Negro son perros mestizos. Son perros cholos.

Perros con todos los colores, de todas las razas al mismo tiempo: Dos perros por el precio de uno, por así decirlo. Eso que podría sonar muy atractivo superficialmente es, al contrario, un estigma para estos animales. Tener la (mala) suerte de haber nacido en un cuerpo distinto al arquetípico, (como los perros de la televisión y los comerciales) es cuestión de vida o muerte para muchos de ellos. Cholo no fue la excepción.

La jauría urbana de mi madrina está conformada por perros callejeros. Todos ellos fueron encontrados/rescatados/acogidos merodeando el parque que está frente a nuestra casa. Pero, a diferencia de los rufianes nocturnos del barrio, ellos buscaban comida y refugio contra el frío. No buscaban arrebatar nada a nadie y tampoco defender un territorio que nunca les perteneció. El parque era más seguro que las enormes avenidas y sus fatales autos.

En un mundo donde ser bello es ser de una sola forma y ser un perro digno de atención humana es ser un determinado tipo de perro, mi madrina actuó de manera extraordinaria. Acogió, curó, abrigó y alimentó al Cholo con  completa dedicación y amor. No le importó las habladurías de los necios y tampoco las amenazas de los egoístas. Esos que saben que tendrán en casa un plato de comida y una cama tibia por el resto de sus días. Esos que nunca se pusieron a imaginar el dolor que debe sentirse no saber donde irá uno a dormir cada noche. Aquellos que nunca se imaginaron ser algo (o alguien) distinto a sí mismos.

Pero ella es distinta. Ella le dio amor a estos desposeídos.  Al elemento de la sociedad que está más abajo de toda la escala. Aquellos que ni siquiera entran en la escala social humana porque no son humanos: los animales.

Hizo ver a los demás que un perro es un perro no importa el color que tenga, el aspecto que tenga. Que un animalito necesita el mismo amor sin importar si lleva pedigree o no. Ella se zurró en las clasificaciones de este mundo egoísta y superficial. Y son Blanca, Negro y (fue) Cholo los depositarios de ese amor desinteresado.

Ayer murió el Cholo. Sus últimos momentos se debatieron entre los espamos de un ataque fulminante y el sedante que lo alejaba de ese dolor atroz. Pero que también lo alejaban de esta vida.

Parece ser que un ser infame dio veneno a Cholo. Pero eso aún no queda claro. ¿Quién pudo ser capaz de acabar deliberadamente con la vida de un débil? Mi corazón se niega a al albergar esa posibilidad.

Cholo fue el ejemplo vivo de cuanto daño hemos hecho a los animales de compañía: confinándolos a las calles porque simplemente no nos gustan. Así de simple. Por otra parte, Judith, mi madrina, detenta una sensibilidad que no debe causarnos asombro, pero sí admiración. Me explico: amar a los animales y darles un trato justo no debe ser la excepción sino la norma. Lo que esta mujer hizo es lo que todos deberían hacer: dar oportunidad a los animales en desventaja. Amar al otro porque es como nosotros: porque sienten, porque sufren y porque necesitan ser amados.

2 comentarios to “Cholo”

  1. Querido Neto,
    ayer, cuando leí el post, quise dejarte un comentario para consolarte pero solo me salían insultos contra quien envenenó a Cholo. Hoy solo decirte que lo siento mucho. En verdad es una pena.

    un beso
    nila

  2. Bro,

    Para todas las personas que conocemos a mi tía Judith, no sorprende su amor ilimitado a las mascotas. Desde que tengo uso de razón cuidaba de los propios y los ajenos. Concuerdo con cada una de tus palabras, solo agrego que muchas veces las personas somos responsables de los males de nuestras mascotas, una mala alimentación o cuidado puede desencadenar males complicadísimos de superar. Solo espero que algún día todas las personas asumamos la responsabilidad de cuidar de ellos. Como lo hace y lo hará mi tía Judith.

    Un abrazo

    Ricardo


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