Galleta Tuerta
Espacio personal

Matías

Este es Matías. Es mi perro labrador. Lo ‘tengo’ desde hace cinco años. Matías es muy juguetón e inteligente. Le gusta atrapar cualquier cosa que le arrojen. Es un perro super loco y dulce. Nunca ha mordido a nadie y siempre le mueve la cola a todos los invitados.

El otro día llevé a Matías a un lugar para que lo duerman. Ahí lo metieron dentro de una jaula con otros animales. Me dio algo de pena verlo ahí. Así que me fui a casa a terminar mis labores pendientes. Luego de que dejé a mi perro ahí. Lo tuvieron semanas de semanas encerrado. Las cosas tuvieron que esperar. El lugar donde vivía no tenía ventanas y no había forma de comunicarse con el exterior. Matías comenzó a estresarse y comenzó a atacar a sus compañeros de celda. El encargado cogió a Matías y le arrancó los dientes. De esa forma no mordería a los demás. De paso le cortó la cola porque era muy probable que sus compañeros lo tomaran de ese lado para forcejearlo.

Luego de dos semanas con puro pan y alimentos desabridos y repugnantes, Matías tenía opaco el pelo y tenía zonas de su cuerpo con llagas e infecciones. Su temperamento calmado se volvió irascible. Atacaba a sus compañeros pese a no tener como. Los ‘cuidadores’ le dieron con electroshocks para que dejara de molestarlos. Parece que sirvió en esos momentos. Si pudiera pasar por la cabeza de mi perrito, podría pensar que él solo quiere salir de ahí como sea.

A la tercera semana, llevaron a Matías a otro cuarto: el lugar donde lo matarían. Es un lugar extraño, con el piso contínuamente baldeado. Las paredes de mayólica y mucho aparatos de metal extraños colgados del techo. Matías ya débil, no se impresionó con lo que veía. El cuidador que parecería no muy interesado en él, lo tomó del cuello y lo ató a una cadena. Tomón un cuchillo y lo degolló. Todo el cuarto se empapó de sangre. Él ya no sentía. No había espacio a más dolor. Simplemente quería que todo acabe. No bastando eso, el encargado atravesó su corazón con el mismo cuchillo. Él luce todo aséptico con guantes, máscara y delante: como si fuera Matías una especie de virus infeccioso.

Matías se desangraba. Lo poco que decía su mirada era algo similar a una súplica. El hombre tecogía su sangre en un balde a medida que caía. Cogió a Matías con lo poco de vida que le quedaba y lo colgó de uno de los ganchos que salían del techo. Atravesó lo que en otro tiempo fue su hermosa piel. Matías ya no sentía. No podía ni siquiera llorar. Solo deseaba no haber nacido. En esos momentos llegó el alivio final: Matías moría.

No contentos con esto el hombre y otro compañero suyo le empezaron a arrancar la piel y comenzaron a quitarle sus entrañas. ¡Su hermosa piel! Esa piel que acaricié de aquel cachorro que llegaba a casa con pañuelo azul alrededor del cuello. Esa piel dorada y suave. Ahora no era más que un estropajo lanzado al suelo. Todo su cuerpo era irreconocible. Lo abrieron, lo cortaron, lo congelaron. Sus huesos están en el depóstio de la basura, junto a sus ojos.

El domingo pasado, cuando ya me había olvidado el destino de Matías,  fui a comer a un restaurante. Pedí un plato que llevaba carne. Me gustó. De hecho aún puedo recordar con claridad ese sabor y esa textura. Era la misma carne que con tanto dolor fue arrancada a mi perro. Era la misma que yo disfrutaba mientras conversaba y reia junto a mis amigos.

Esta historia es ficticia. No es un intento sensacionalista de incursionar en el género del terror en este blog. Estoy en camino a ser vegetariano desde agosto pasado por las razones que se pueden sacar de este relato. Cuando está bajo mi contro, como cualquier cosa que no contenga carne. Cuando la situación es apremiante como carne.  No soy un amante de los animales. Algunos perros me han mordido durante mi vida y los gatos me parecen poco cariñosos, sin embargo creo que no reciben un trato justo. Así como tampoco lo reciben los demás animales que se han usado históricamente para ser explotados.Las pocas veces que como carne (no vivo en una casa, sino en una especie de pensión) no puedo evitar sentir algo de culpa y repugnancia.

Matías es un perro saludable, juguetón e inteligente. Creo que es una de los seres más bellos de este mundo. Tiene un gran corazón, pese a que muchos digan que los animales no siente y no piensan. Yo no creo así. Es evidente que hay una gradación en el tipo de sensibilidad y cognición entre los seres que poseen un sistema nervioso central.  Pero eso no nos excusa para colocar todos ellos en un paquete que dice ‘comida’, ‘transporte’, ‘entretenimiento’ o ‘compañía’. Amo a los animales como podría amar a cualquier otro ser humano: en la medida en que deben recibir un trato justo y alcanzar su propia felicidad.

3 comentarios to “Matías”

  1. Neto, genial post. A mí, que ya soy vegana, me chocó muchísimo lo que describes, y lo que lamentablemente es cierto. Es el infierno que viven millones de animales, todo para satisfacer la panza egoísta de los humanos.

    Suerte con tu camino hacia el vegetarianismo. Como siempre digo, de lo único que te arrepentirás es de no haberte hecho vegetariano antes.

    Un beso,

    t

  2. ah porsiaca! los gatos no son poco cariñosos!! son lo máximo!! tienes que vivir con un gato para que lo entiendas, son igual de cariñosos que un perrito. Pero si entiendo a donde iba ese comentario: no tenemos que ser “amantes de los animales” para respetarlos. Yo no pido amor para lso animales, sencillamente respeto y que no sean considerados propiedades de los humanos.

    Pero eso sí, la mala fama que tienen los gatos hace que mucha gente no los quiera adoptar y piensen que es normal que vivan en los techos, o alguna gente piensa que lso gatos son “ingratos” y se van de la casa! Los gatos se van si es que no estan esterilizados en busca de gata, y si no regresan a casa es porque se perdieron, o los mataron😦

    t

  3. Debo recocer que senti un gran alivio al leer que la historia de Matias no era basada en hechos reales, en este caso, ya que desgraciadamente para muchos animales si lo fue, en mi, no cabe la comprensión de tan macabros hechos, no concibo seres humanos con tan poco corazón, tan primitivos, tan insensibles,y en cambio vivimos rodeados de ellos…ojalá huviera algo que sirviera de veras contra esta situación…un saludo a Matias


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