Galleta Tuerta
Espacio personal

“Walden”

Hace una semana cumplí años. Tengo pensado escribir algo al respecto. Hablaré de lo que significa ser persona para mí. Mientras mastico lo que quiero escribir, me gustaría compartir algunas líneas del filósofo/visionario trascendentalista Henry Thoreau.

Thoreau, al que he conocido hace unos tres días, ha sido el precursor del concepto de desobediencia civil y sentó las bases del movimiento ambientalista. El extracto que presento pertenece a su libro “Walden” (también llamado “La vida en los bosques”). Pueden leer el libro completo aquí. No es muy largo. Tan solo tiene 40 páginas.

El libro relata la vida de Thoreau y los pensamientos que recogió en su autoexilio en el bosque. Ahí vivió dos años en una cabaña cerca al lago y vivió desconectado de todo contacto social. Su estilo gira entre la experiencia mística, la voz del misántropo y la de aquel que quiere rescatar la naturaleza prístina del hombre:

“No te intereses mucho en conseguir cosas nuevas, ya sean
vestidos o amigos. Da vuelta los viejos vestidos; vuelve a los viejos
amigos. Las cosas no varían, nosotros sí. Vende tus ropas y conserva
tus pensamientos. Dios verá que no te haga falta la sociedad. Si yo
estuviera confinado en el rincón de una buhardilla de por vida, igual
que una araña, el mundo sería para mí exactamente tan grande como
antes, mientras mantuviera mis pensamientos conmigo. Dijo el
filósofo: Se puede capturar al general de un ejército de tres divisiones
y desbandarlo, pero no se le puede quitar sus pensamientos ni siquiera
al hombre más abyecto y vulgar. No busques tan ansiosamente
desarrollarte, ni someterte a muchos influjos; todo eso es disipación.
La humildad, como la oscuridad, revela las luces del cielo.

(…)

Antes que el amor, el dinero y la reputación, denme la verdad.
Me senté a una mesa en la que había sabrosos manjares y vino
abundante y cuidadosa atención, pero donde faltaban la sinceridad y la
verdad; y me escapé con hambre de aquel ágape poco hospitalario. La
hospitalidad era tan glacial como el hielo. Me pareció que no hacía
falta allí hielo alguno para congelar a los comensales. Me hablaron de
lo añejo del vino y de la fama de la bodega; pero pensé en un vino más
viejo y más nuevo, más puro, y en una cosecha más gloriosa, que ellos
no habían conseguido ni podían adquirir. Para mí, nada valen la clase,
la casa, el jardín y la diversión”.

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