Galleta Tuerta
Espacio personal

A quien corresponda

Querido amigo, querida amiga:

Antes de que hagas lo que tenías pensado hacer, deja esas pastillas, ese cuchillo o aquel cinturón. Lee lo que tengo que decir. Solo dame unos minutos.

Ahora no quieres saber de nada. Crees que el mundo se está acabando. Que el amor no es más que un invento más de la publicidad. Quiero decirte que yo he sentido lo mismo que tú, cuando era niño y adolescente. He visto como me ninguneaban en mi propio hogar, cómo es que mis compañeros se burlaban de mí, lo que es sentir la enorme soledad y el espantoso ‘designio’ de Dios para los que son como nosotros.

Así como tú, yo me veía al espejo  y me decía: “No puedo ser así”. Te digo, amigo o amiga, que esto es precisamente lo que ellos esperan. Te dicen que te aceptan y te toleran. Pero, antes que eso, te ignoran y te desprecian. Quieren verte triste, avergonzado… Ellos desean ‘corregirte’, que seas una criatura fecunda y productiva. El peor de día de nuestras vidas es cuando te das cuenta que no juegas las reglas del mundo. Pero eso no te condena. Dale vuelta a ese dolor. ¿No lo ves? El que te vean con repugnancia no significa que seas repugnante, sino que en su interior algo no funciona bien. Y es ahí donde debes atacar. Todo este dolor te da un sitio privilegiado para cuestionar, proponer y defender lo que crees que es justo y bello.

Tú sabes de lo que te estoy hablando: es del amor que no osa decir su nombre. Pero son mas bien ellos los que no se atreven llamarlo por lo que es. Tu sueñas, de eso estoy seguro, con aquel muchacho o aquella muchacha. Para tí es real y hermoso. No te has sentido más vivo y contento que a su lado. ¿Cómo es que algo tan bello puede ser un pecado? El amor no es para tener hijos o para figurar en las fotografías de la boda. El amor del que tú y yo somos testigos silenciosos está ahí y no necesita de esos adornos materiales. Siempre estuvo ahí. Pero la historia general que nos venden en casi todas partes es que no existe y si es que existe, es una patología y un pecado.

Así que, amigo o amiga, antes que odiar al mundo, tenle compasión. Son ignorantes. Ellos no merecen el amor que nunca recibiste de su parte.  Lo que el opresor quiere es precisamente eso: que tomes esas pastillas, que deslices ese cuchillo por tu piel o que pases ese cinturón alrededor de tu cuello. No le des el gusto. Tú eres más fuerte que ellos.

He conocido a gente. Sí. Gente como tú y yo. Ellas son personas buenas, con un gran corazón y no se parecen en nada a las caricaturas que nos presenta la tele o los perversos con los que nos aterraban en la escuela. Gente de carne y hueso que trabaja, come, va de compras y tiene su vida en pareja. El amor es posible y, ¡qué difícil es que los adultos lo entiendan!, no es malo. No seas como yo que por una extraña combinación de factores ha cercenado ese aspecto de su vida. Sé valiente y aprende a vivir.

Me gustaría haber recibido una carta así cuando era más joven. Solo quiero decirte que, pese a que no te conozco, tienes todo mi cariño y respeto. Me gustaría estar ahí para abrazarte y decirte: “Todo estará bien”.

2 comentarios to “A quien corresponda”

  1. Bellisimo texto, Neto. Te felicito. Me ha encantado. Espero que mas gente lo pueda leer.

  2. Qué buen texto. Me parece importante difunfir este tipo de mensajes a todos aquellos que, como nosotros, han sentido en algún momento que no sabían qué hacer con eso que les estaba sucediendo. Aceptar la propia sexualidad y que otros la acepten es un proceso que toma tiempo.
    Me fascinó (y emocionó) el discurso de Harvey Milk. Ojalá que más personas puedan también comprender la importancia de este tema. Gracias por compartirlo🙂


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