Galleta Tuerta
Espacio personal

“Fuck” y la higiene verbal (Parte II)

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En lo que resta de este artículo analizaremos el discurso higienista de la persona con más autoridad mediática en temas de normativa lingüística en nuestro país: Martha Hildebrandt (en adelante, MH). Buscamos entender cómo esta persona ha generado tal «círculo de exclusión e intimidación» por medio de su discurso higienista y cómo es que gran parte de la población lo ha asumido como suyo propio, «como si viniera desde adentro». Lo que nos interesa observar es su definición, uso y justificación de las categorías de culto e inculto como criterios de corrección. Nos interesa esta persona, en particular, por la enorme injerencia que ha tenido en las actitudes y prácticas de muchos peruanos durante varias décadas. Con esos fines revisaremos su sustento teórico en dos obras suyas y recogeremos su parecer con respecto a estas categorías en dos entrevistas.


Empecemos con la pregunta de rigor: ¿cuál es el criterio de MH para considerar un rasgo lingüístico como culto o inculto? Para contestar esta interrogante, veamos, en primer lugar, las definiciones de lengua culta cuidada o formal y lengua culta familiar, que ofrece en Peruanismos (1963)1.

El nivel de habla más elevado (…) es el de la lengua culta cuidada o formal, a veces identificada con el concepto tradicional de lengua escrita, y aun con el de lengua literaria. Pero puede también incluir la lengua oral del discurso, de la conferencia o de la cátedra.

Un segundo nivel o estrato subyacente lo constituye la llamada lengua culta espontánea o familiar, que corresponde al modo como natural y habitualmente se expresan quienes tienen tradición familiar de cultura o han crecido en un ambiente culto (P, 13).

La lengua culta formal es de carácter estrictamente académico, la utilizan personas familiarizadas con la normativa de la lengua y actualizadas constantemente en cuestiones de estilo. No tendría mucho sentido, por lo tanto, dar lecciones a expertos del lenguaje. Consideramos que la misma MH está dentro de esta categoría. Por otra parte, la lengua culta familiar no resulta tan clara en su delimitación. MH considera que la filiación de una forma de habla con la lengua culta familiar no depende de los esfuerzos mismos del hablante. La siguiente cita sigue a la definición antes presentada:

La posesión de la lengua culta familiar puede no estar en relación con el grado de instrucción organizada u oficial. Así, son a veces legítimos exponentes de este nivel de habla personas cuya instrucción formal no ha pasado del nivel primario, en tanto que pueden no serlo otras que, a pesar de haber alcanzado un nivel profesional, no han logrado superar ciertos hábitos lingüísticos que no reúnen las condiciones de aceptabilidad social (P, 13-14).

Es el ambiente familiar, donde se cultiva la cultura, el que propicia que alguien pueda tener un habla culta familiar. Es interesante la anterioridad del entorno social sobre las características propias del hablante, sobre todo en lo que respecta a su formación. En ese sentido, una persona que no tiene instrucción puede tener un habla culta, así como una persona que tenga formación puede no tenerla. ¿Qué es lo que dicta al final la catalogación del habla de una persona como culta familiar? La respuesta está en el mismo rótulo: la familia.


Puede que se nos reproche trabajar anacrónicamente el discurso de MH. No sería justo valorar un texto de 1963 con los ojos críticos de un hablante del siglo XXI. ¿Qué es lo que MH dice actualmente con respecto a la categoría de culto? Veamos un extracto de El habla culta (o lo que debiera serlo)2:

[El habla culta, o lo que debiera serlo, es] el lenguaje, oral o escrito, de quienes han tenido acceso a la educación superior (EHC, 8).

El discurso de MH en nuestros días parece suavizarse con respecto a la importancia de la consanguinidad del hablante con respecto a un grupo que practica la tradición de cultura o que vive en un ambiente culto; sin embargo, en un nivel mediático, sus afirmaciones públicas evidencian una continuidad con el concepto de habla culta familiar de hace varias décadas. De muestra un botón. El siguiente es un extracto de una entrevista realizada por Beto Ortiz en 19993. Veamos cómo define el nivel cultural de algunos escritores peruanos:

¿Cuál es, para usted, el gran escritor del Perú?

Supongo que Vargas Llosa. Pero tiene muchos errores de lesa cultura. Bryce es mucho más culto. Ha ido a colegios ingleses. Mario, en cambio, ha ido a colegios peruanos. Esa mala formación escolar no se recupera. Bayly, por ejemplo, que estudió en los mejores colegios de Lima, ha sido un descubrimiento para mí. Yo amo a mi mami es una obra preciosa, está a la altura de Un mundo para Julius. No tiene las incorrecciones de Vargas Llosa4.

Por otra parte, en 2005, al explicar su simpatía por el entonces primer ministro, Pedro Pablo Kuczynski, MH afirmó lo siguiente:

Cuando dije que él era un primer ministro del primer mundo, me refería a que solo en el primer mundo se da eso de que un abogado, un médico, un economista, sea a la vez flautista o pianista o violinista. Y que pueda tocar con una sinfónica. Él es hijo de un polaco y de una francesa y ha recibido la educación que es una verdadera educación. Aquí se cree que de música solo deben saber los músicos profesionales y nadie conoce ni las notas musicales (entrevista hecha por Elizabeth Cavero, domingo 4 de setiembre de 2005).

Estos dos fragmentos, como hemos anotado, repiten el discurso del ambiente culto como generador de hablantes cultos y no se hace mención en ningún momento a la educación superior como forjadora de un habla culta. De hecho, y esto es muy importante, MH traza de manera evidente lo que nunca puso sobre el papel: su propio concepto de la cultura. Para ella la cultura es un elemento foráneo con respecto al territorio peruano y un bien preciado que se hereda de cuna y no se gana por mérito personal. Podemos, salvando distancias, hacer un paralelismo entre esta visión de la cultura y lo culto con el del privilegio heredado (entiéndase nobleza). En ambos casos se trata de discursos deterministas y de impronta colonial. De ese modo, el uso de estos rasgos lingüísticos cultos en el caso del habla culta familiar no se basaría en un conocimiento académico de la lengua (lo cual implicaría esfuerzo y talento dignos de admiración), sino en el azaroso hecho de haber nacido dentro de un grupo social poderoso. La persona más culta, siguiendo el argumento de la lingüista, es la persona que ha contado con la fortuna de haber crecido en un ambiente cultural, social y económicamente determinado. En cierta forma, MH misma es su hablante culta por antonomasia.


¿Y qué sucede con el resto de personas? La vasta mayoría que no cuenta con los recursos para acceder a esta forma de cultura o no vive en las coordenadas sociales y económicas antes esbozadas (por ejemplo, los hablantes de otras lenguas peruanas y los analfabetos) entraría a la ominosa categoría de los incultos. Así, pues, uno es inculto desde mucho antes de nacer. Está predeterminado, según este punto de vista, vivir una vida constantemente frustrada de alcanzar la tan preciada habla culta.

Eso es con respecto a lo que dice MH, ¿pero qué sucede con los que, aún sospechando de la existencia de este discurso atávico, siguen a pies juntillas sus recomendaciones higienistas? Sugerimos que lo que hay detrás de este afán de hablar correctamente para estos hablantes obedientes es el deseo de presentarse como parte de un grupo social de élite y apropiarse del poder simbólico que esto implica. Colocando a los actores implicados en el panorama, vemos que se establece un infructuoso peregrinaje ascendente de corte sociolingüístico de gran parte de la población y la perpetuación del poder simbólico dentro de un reducido círculo de «privilegiados» (por ejemplo, los que tienen como propio el habla culta familiar). Como mencionó la lingüista Virginia Zavala5 en comunicación personal, esta práctica higienista coercitiva establece una dicotomía de «hablantes legítimos versus hablantes ilegítimos». Estos grupos no estarían en igualdad de condiciones para acceder a recursos de diversa índole (por ejemplo, los recursos laborales y educativos). Asimismo, añadió la sociolingüista, dicha práctica construye y naturaliza relaciones de diferencia e inequidad social. De esta forma, la constancia y ubicuidad del trabajo de MH ha provocado que hallamos internalizado las categorías de culto e inculto a lo largo varias generaciones.

1 Referido como P en adelante.

2 Referido como EHC en adelante.

3 En esta misma entrevista, MH lanzó uno de sus más controvertidos comentarios. Es preciso anotarlo ya que no escapa de las prácticas higienistas coercitivas que caracterizan a la lingüista. Pero, por su propio cariz anecdótico y efectista, evitaremos su análisis. Esta es la intervención en cuestión:

¿Le pierde el respeto a una persona que habla mal?

Yo puedo tener un enorme respeto humano por un analfabeto, por un rondero, pero, ¿respeto intelectual a quien dice haiga? ¡No!

4 Revista Somos. Año XIII. N°660 1999

5 Agradezco estos valiosos comentarios de la profesora Zavala.

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