Galleta Tuerta
Espacio personal

“Fuck” y la higiene verbal (Parte III)

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Virando un poco el timón de nuestro análisis, podemos adentrarnos a una motivación más mundana y pragmática. Puede que algunos consideren que sea más verosímil que el argumento antes expuesto. Nos referimos a los beneficios económicos que hay detrás del éxito editorial y mediático de la labor higienista de MH.

El habla culta cuenta con los ejemplares agotados de dos ediciones. Esta obra ha recibido el dudoso mérito de estar entre los libros más pirateados de nuestros días. Se trata, a todas luces, de un éxito de ventas; sin embargo, esto no nos debería asombrar: las publicaciones de naturaleza prescriptiva son casi siempre una apuesta ganada de antemano. Pasaremos a ejemplificar esta afirmación.

En el décimo capítulo1 de La batalla de la lengua, Del Valle y Gabriel-Stheeman ponen en evidencia las estrechas relaciones que mantienen importantes empresas españolas con la Real Academia Española (RAE). En este interesante artículo se habla de la manera en que el valor del idioma se presenta en términos estrictamente económicos. De esa forma, conferencias con títulos como «El activo del español», «Econometría de la lengua española» y «El potencial económico del español» (Del Valle y Gabriel-Stheeman, 2004: 257-258) son auspiciadas por el Instituto Cervantes.

Los autores mencionan que este repentino interés de parte de economistas y empresarios por la difusión del español se debe, entre otros factores, al apoderamiento de las comunidades hispanohablantes de Estados Unidos. Lo que resulta interesante es que esta labor difusora del idioma no solo sea atendida y satisfecha, sino también que estas instituciones creen una necesidad lingüística en los hablantes. Es decir, no solo se crea un mercado de publicaciones (diccionarios, manuales de ortografías, certificados de español, etc.), también se crea la necesidad de acudir a ellas por medio de estrategias simbólicas. El eje simbólico más importante por el cual se sustenta tal demanda es el de la necesidad de comunicación panhispánica; por lo tanto, los hablantes anhelarían una comunicación fluida entre todos los miembros de su idioma (que no serían necesariamente coterráneos). Este es precisamente uno de los argumentos con los MH justifica su labor de lingüista.

El español general es una abstracción o una entelequia y, por lo tanto, no se habla en ningún país, región o ciudad. […]

Siendo modelo y patrimonio común de una gran comunidad lingüística, el español general es garantía de comunicación fluida entre más de cuatrocientos millones de hablantes2 (EHC, 8).

Por otra parte, el límite entre los conceptos de lengua culta y español general es difuso:

La lengua culta está supeditada al principio de la unidad lingüística hispánica: unidad en la diversidad, por cierto, con un denominador: el español general (EHC, 11).

¿Está MH generando en los hablantes una necesidad que no poseían antes? Consideramos que sí. El argumento de la comunicación panhispánica es el portaestandarte de un móvil menos altruista: generar la diferencia antes que la homogeneidad entre los hablantes. Las categorías dicotómicas irreconciliables antes vistas contradicen a todas luces los intentos de la homogeneidad lingüística. Parece, antes bien, que se trata de un discurso políticamente correcto con el cual justificaría sus ganancias económicas. Alguien se está enriqueciendo con la inseguridad de muchos.

Para concluir, podemos decir que las consecuencias del trabajo higienista de MH pueden observarse desde cuatro flancos. En primer lugar, como ya hemos señalado, se crea un sentimiento de inseguridad de parte de los hablantes con respecto a su forma de hablar. Las preguntas típicas del hablante de a pie son del tipo: «¿estaré hablando correctamente?»; «¿debo evitar este rasgo mío porque la autoridad dice que es inculto?»; «¿debo corregir a los demás?». Esta inseguridad alimenta, a su vez, la vergüenza hacia el habla propia y el escarnio hacia las expresiones de los demás.

Otra consecuencia derivada de estas medidas higienistas es la de ser campo fértil para la discriminación lingüística. Esta consiste en preconcebir a la persona por sus rasgos lingüísticos. Esta preconcepción es un estereotipo socialmente construido que da lugar a actos de exclusión social. En este caso, la imagen social construida del inculto está intrincada con categorías sociales, económicas e incluso culturales. Cuando escuchamos un rasgo considerado inculto no escuchamos al rasgo, sino a la persona en su totalidad como inculta. Entre la discriminación lingüística y la discriminación racial hay tan solo un paso. Incluso puede decirse que la primera forma parte de la segunda.

Last but not least, el daño a la imagen social del lingüista en nuestro país parece ser una consecuencia casi irreparable. Hay muchos lingüistas en el Perú que no trabajan con las categorías discriminadoras de MH; de hecho, ella constituye la excepción y no la regla en cuanto al tipo de labor ejercida en la lingüística. Pese a que su nombre es casi sinónimo de lingüística en el imaginario colectivo, no muchos académicos la consideran una autoridad de primera mano en esa materia.

Hemos visto cómo, pese a no tener una institución tan poderosa como la FCC norteamericana que controla el lenguaje vulgar en los medios, la higiene verbal es una práctica que se lleva a cabo en nuestro territorio y de manera muy efectiva. Sin embargo, este tipo de estrategias higienistas no causan la indignación de la mayoría como en otros países. En el nuestro, en cambio, todos reciben con la cabeza inclinada los mandatos de las autoridades del lenguaje. En ese sentido, este constituye un ejercicio analítico tentativo sobre la agenda oculta detrás de la agenda culta de la máxima autoridad higienista de nuestro país. Hace falta una historia de la higiene verbal en el Perú, ya que, no obstante lo nocivo del discurso de MH para nuestros tiempos, estas ideas sobre el lenguaje no son nuevas (pureza idiomática, homogeneidad lingüística, por ejemplo). Son los discursos que los justifican los que cambian en un nivel superficial (Cameron, 1995: 30). Por lo tanto, debería asombrarnos que los matices del discurso de lo culto/inculto tengan su origen en la misma época colonial.

P.D.: Lamentablemente, no existe una palabra tan fuerte e irreverente como fuck en castellano. Necesitamos fuertes dosis de rebeldía y espíritu crítico para batallar contra sistemas que generan inequidad social e injusticia. En lo que a mí respecta, solo me resta decir: ¡Que se joda el habla culta!

Bibliografía

ANDERSON, Steve (2005) Fuck.

CAMERON, Deborah (1995) Verbal hygiene. Londres: Routledge

CAVERO, Elizabeth (2005) «Martha Hildebrandt: “Yo soy asquerosamente racional”». La Republica. Principal. Lima, domingo 4 de setiembre.

<http://www.larepublica.com.pe/index.php?option=com_content&task=view&id=87812&Itemid=2&fecha_edicion=2005-09-04&gt;

DEL VALLE, José y Luis Gabriel-Stheeman (eds.) (2004) La batalla del idioma. La intelectualidad hispánica ante la lengua. Madrid: Editorial Iberoamericana.

HILDEBRANDT, Martha (1963) Peruanismos. Lima: Moncloa-Campodónico Editores Asociados.

(2000) El habla culta (o lo que debiera serlo). Lima: s.e.

ORTIZ, Beto (1999) «Café para todos». Somos de El Comercio. Lima. Año XII. N° 660, pp. 12-16

1 El capítulo tiene el sugerente título de «Lengua y mercado: el español en la era de la globalización económica».

2 Las cursivas son nuestras.

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