Galleta Tuerta
Espacio personal

Abr
02

Antes de pasar a mi consideración a los otros puntos vistos en la película, me gustaría detenerme un poco en la forma en que comprendí el término ‘especismo’. Presento un extracto algo largo del documental donde se habla de este concepto:

Sin embargo, somos los humanos quienes tratamos de dominar la Tierra, a menudo tratando a otros seres como meros objetos. Esto es lo que quiere decir especismo. Por analogía con el sexismo o el racismo, el término especismo es un prejuicio o actitud favorable hacia los intereses de los miembros de la misma especia y contra los miembros de otras especies.

Si un ser sufre, no existe justificación para no tener en consideración ese sufrimiento. No importa la naturaleza del ser. El principio de igualdad requiere, que el sufrimiento de uno, sea valorado de igual forma que el sufrimiento del otro. El racista viola el principio de igualdad al dar mayor peso a los intereses de los miembros de su propia raza cuando hay un conflicto entre sus intereses y los de otra raza. El sexista viola el principio de igualdad al favorecer los intereses de su propio sexo. Igualmente, el especista permite que los miembros de su misma especie sobrepasen los intereses de los miembros de otras especies. En cada caso, el patrón es el mismo.

Era la primera vez que escuchaba la palabra. Realmente la comparación con el sexismo y el racismo era justificada. ¿No es acaso la forma en que pensamos en los animales el primer paso para instaurar su explotación impune? Pienso en las mujeres, que fueron históricamente denigradas, y la forma en que se les pensaba como inferiores a los hombres. El desprecio presente en la forma en las que se les concibe es terreno fértil para un panorama de inequidad y explotación. Sin embargo, tal inequidad y explotación no son consustanciales a las mujeres mismas y tampoco lo son, en el caso del racismo, a los grupos no blancos. Cabe preguntarse si la jerarquía abusiva que implanta el ser humano hacia los otros animales no es otra construcción histórica. ¿Se inventó al ‘animal’ así como inventamos al ‘negro’ y a la ‘mujer’? La propuesta de ‘Earthlings’, que no es explícita en este punto, es que el concepto de animal también es un invento histórico.

Charles Darwin mencionaba que el hecho de que no encontremos los puntos intermedios entre una especie y otra no nos debe hacer perder de perspectiva que todas las especies tienen un origen común. ¿Qué pasó con el animal humano? ¿En qué momento perdimos de perspectiva que tenemos un origen común con los otros animales? Considero que el animal humano ha recorrido un largo camino en la artificialización de su génesis. El primer paso lo constituyó la eliminación de los otros grandes primates. Una vez que no se dejó huella alguna de aquellos ‘puntos intermedios’ de los que hablaba Darwin, el camino de la animalización de las otras criaturas no fue complicado.

‘Earthlings’, al mostrarnos aquellas escenas de dolor y belleza, de miseria y esplendor, y de desolación y esperanza, pone en entredicho nuestra posición privilegiada en el planeta. Retomando lo señalado líneas arribas, volvemos a ser testigos de aquel origen común del que tanto quisimos hacer oídos sordos. Una reminiscencia se enciende en nuestros corazones y nos recuerda el lugar del que hemos venido. Nos señala que la dicotomía humano/animal no es más que un artificio. Así como también lo es la jerarquía hombre/mujer y blanco/no blanco. De esa forma, la evidencia evolutiva tiene un peso suficiente para asegurar la adherencia de, al menos, la comunidad científica. ¿Qué hay de aquellos que no son etólogos, veterinarios o biólogos? ¿Cómo explicar a la gran mayoría que el trato al no-humano debe ser el mismo que el dado al humano?

Anuncios
Mar
28

earth-ling n. One who inhabits the earth


No volví a ser el mismo desde el día en que vi Earthlings. Aún tengo clara la imagen que destrozó todas mis justificaciones ‘racionales’ con respecto a la indiferencia hacia el trato animal. En la pantalla de la computadora aparecía un cachorro de labrador: pequeño, indefenso y perdido en la calle en pleno día. Era idéntico a Matías, el labrador que mi familia adoptó y que vive con nosotros desde que tenía el tamaño del perrito de la pantalla. Su rostro, aunque para mí era raro pensarlo así en ese momento, transmitía una enorme tristeza. Lo que seguía era la imagen de un policía recogiendo al perrito para llevarlo, seguramente, a un albergue. No pude contener las lágrimas: era Matías, mi perro, mi amigo. Me acordé del día que llegó a casa. Lo habíamos comprado a una persona que lo tenía dentro de una caja con sus otros hermanos. Él se veía vigoroso, pero una vez que lo medicamos nos dimos cuenta que su sistema estaba infestado de parásitos. Ahora me pregunto qué hubiera pasado con Matías si no lo hubiéramos acogido. ¿Habría tenido el mismo destino de ese cachorro que encontraron en la calle?[1]


No me sentía de buen ánimo para continuar viendo el documental. Planifiqué terminarlo cuando me haya repuesto de esas imágenes. Continué hasta la sección dedicada a la alimentación. Es simbólico el hecho de que ningún matadero posea ventanas: nadie quiere ver lo que pasa adentro. La cantidad de vidas miserables traídas al mundo y eliminadas para la industria de la carne es dantesca. Además de la enorme lástima que producía ver el trato dado a los animales[2] para solo satisfacer nuestro paladar, estaba el hecho de que no era algo externo a mí. Yo también comía y disfrutaba de la comida derivada de animales no-humanos. Sentí vergüenza y repugnancia por mí mismo.

Para ser sincero, no hubo una continuidad ni secuencia narrativa en la forma en que visualicé ‘Earthlings’. Considero que el documental es precioso e impactante, pero no creo que alguien pueda verlo de corrido sin salir emocionalmente lastimado. Yo mismo pasé de la tristeza a la propia vergüenza. ¿Qué hubiera pasado si hubiese asimilado el resto de la información concerniente a las pieles, el entretenimiento y experimentación con animales en solo dos horas? ¿Mi corazón y cerebro hubieran soportado tal balacera de evidencias?

Pocos días de ver esta primera sección de la película empecé con mi dieta vegetariana. Me costó muchísimo. Todos los menús tenían algún pedazo de carne y no conocía más que un restaurante vegetariano (que, por cierto, es muy caro). En las primeras semanas bajé de peso. Luego conocí lo que era la carne y la leche de soya. Pero no niego que la apetencia por el sabor de la carne fue una de las cosas que más me costaron abandonar. Así pues, recordaba las imágenes que evidenciaban el maltrato y el abuso de nosotros, animales humanos, hacia los animales no-humanos y el apetito se me iba inmediatamente.


[1] Esta escena corresponde a la sección del trato a las mascotas. No entraré en mayores detalles sobre esta parte. En las siguientes líneas esbozaré un punto de vista teórico y mi parecer personal con respecto a los otros cuatro puntos del documental: alimentación, pieles, entretenimiento y experimentación.

[2] En adelante me referiré a ellos como ‘animales no-humanos’,

Feb
21

<!– @page { margin: 2cm } P.sdfootnote { margin-left: 0.5cm; text-indent: -0.5cm; margin-bottom: 0cm; font-size: 10pt } P { margin-bottom: 0.21cm } A.sdfootnoteanc { font-size: 57% } –>

Virando un poco el timón de nuestro análisis, podemos adentrarnos a una motivación más mundana y pragmática. Puede que algunos consideren que sea más verosímil que el argumento antes expuesto. Nos referimos a los beneficios económicos que hay detrás del éxito editorial y mediático de la labor higienista de MH.

El habla culta cuenta con los ejemplares agotados de dos ediciones. Esta obra ha recibido el dudoso mérito de estar entre los libros más pirateados de nuestros días. Se trata, a todas luces, de un éxito de ventas; sin embargo, esto no nos debería asombrar: las publicaciones de naturaleza prescriptiva son casi siempre una apuesta ganada de antemano. Pasaremos a ejemplificar esta afirmación.

En el décimo capítulo1 de La batalla de la lengua, Del Valle y Gabriel-Stheeman ponen en evidencia las estrechas relaciones que mantienen importantes empresas españolas con la Real Academia Española (RAE). En este interesante artículo se habla de la manera en que el valor del idioma se presenta en términos estrictamente económicos. De esa forma, conferencias con títulos como «El activo del español», «Econometría de la lengua española» y «El potencial económico del español» (Del Valle y Gabriel-Stheeman, 2004: 257-258) son auspiciadas por el Instituto Cervantes.

Los autores mencionan que este repentino interés de parte de economistas y empresarios por la difusión del español se debe, entre otros factores, al apoderamiento de las comunidades hispanohablantes de Estados Unidos. Lo que resulta interesante es que esta labor difusora del idioma no solo sea atendida y satisfecha, sino también que estas instituciones creen una necesidad lingüística en los hablantes. Es decir, no solo se crea un mercado de publicaciones (diccionarios, manuales de ortografías, certificados de español, etc.), también se crea la necesidad de acudir a ellas por medio de estrategias simbólicas. El eje simbólico más importante por el cual se sustenta tal demanda es el de la necesidad de comunicación panhispánica; por lo tanto, los hablantes anhelarían una comunicación fluida entre todos los miembros de su idioma (que no serían necesariamente coterráneos). Este es precisamente uno de los argumentos con los MH justifica su labor de lingüista.

El español general es una abstracción o una entelequia y, por lo tanto, no se habla en ningún país, región o ciudad. […]

Siendo modelo y patrimonio común de una gran comunidad lingüística, el español general es garantía de comunicación fluida entre más de cuatrocientos millones de hablantes2 (EHC, 8).

Por otra parte, el límite entre los conceptos de lengua culta y español general es difuso:

La lengua culta está supeditada al principio de la unidad lingüística hispánica: unidad en la diversidad, por cierto, con un denominador: el español general (EHC, 11).

¿Está MH generando en los hablantes una necesidad que no poseían antes? Consideramos que sí. El argumento de la comunicación panhispánica es el portaestandarte de un móvil menos altruista: generar la diferencia antes que la homogeneidad entre los hablantes. Las categorías dicotómicas irreconciliables antes vistas contradicen a todas luces los intentos de la homogeneidad lingüística. Parece, antes bien, que se trata de un discurso políticamente correcto con el cual justificaría sus ganancias económicas. Alguien se está enriqueciendo con la inseguridad de muchos.

Para concluir, podemos decir que las consecuencias del trabajo higienista de MH pueden observarse desde cuatro flancos. En primer lugar, como ya hemos señalado, se crea un sentimiento de inseguridad de parte de los hablantes con respecto a su forma de hablar. Las preguntas típicas del hablante de a pie son del tipo: «¿estaré hablando correctamente?»; «¿debo evitar este rasgo mío porque la autoridad dice que es inculto?»; «¿debo corregir a los demás?». Esta inseguridad alimenta, a su vez, la vergüenza hacia el habla propia y el escarnio hacia las expresiones de los demás.

Otra consecuencia derivada de estas medidas higienistas es la de ser campo fértil para la discriminación lingüística. Esta consiste en preconcebir a la persona por sus rasgos lingüísticos. Esta preconcepción es un estereotipo socialmente construido que da lugar a actos de exclusión social. En este caso, la imagen social construida del inculto está intrincada con categorías sociales, económicas e incluso culturales. Cuando escuchamos un rasgo considerado inculto no escuchamos al rasgo, sino a la persona en su totalidad como inculta. Entre la discriminación lingüística y la discriminación racial hay tan solo un paso. Incluso puede decirse que la primera forma parte de la segunda.

Last but not least, el daño a la imagen social del lingüista en nuestro país parece ser una consecuencia casi irreparable. Hay muchos lingüistas en el Perú que no trabajan con las categorías discriminadoras de MH; de hecho, ella constituye la excepción y no la regla en cuanto al tipo de labor ejercida en la lingüística. Pese a que su nombre es casi sinónimo de lingüística en el imaginario colectivo, no muchos académicos la consideran una autoridad de primera mano en esa materia.

Hemos visto cómo, pese a no tener una institución tan poderosa como la FCC norteamericana que controla el lenguaje vulgar en los medios, la higiene verbal es una práctica que se lleva a cabo en nuestro territorio y de manera muy efectiva. Sin embargo, este tipo de estrategias higienistas no causan la indignación de la mayoría como en otros países. En el nuestro, en cambio, todos reciben con la cabeza inclinada los mandatos de las autoridades del lenguaje. En ese sentido, este constituye un ejercicio analítico tentativo sobre la agenda oculta detrás de la agenda culta de la máxima autoridad higienista de nuestro país. Hace falta una historia de la higiene verbal en el Perú, ya que, no obstante lo nocivo del discurso de MH para nuestros tiempos, estas ideas sobre el lenguaje no son nuevas (pureza idiomática, homogeneidad lingüística, por ejemplo). Son los discursos que los justifican los que cambian en un nivel superficial (Cameron, 1995: 30). Por lo tanto, debería asombrarnos que los matices del discurso de lo culto/inculto tengan su origen en la misma época colonial.

P.D.: Lamentablemente, no existe una palabra tan fuerte e irreverente como fuck en castellano. Necesitamos fuertes dosis de rebeldía y espíritu crítico para batallar contra sistemas que generan inequidad social e injusticia. En lo que a mí respecta, solo me resta decir: ¡Que se joda el habla culta!

Bibliografía

ANDERSON, Steve (2005) Fuck.

CAMERON, Deborah (1995) Verbal hygiene. Londres: Routledge

CAVERO, Elizabeth (2005) «Martha Hildebrandt: “Yo soy asquerosamente racional”». La Republica. Principal. Lima, domingo 4 de setiembre.

<http://www.larepublica.com.pe/index.php?option=com_content&task=view&id=87812&Itemid=2&fecha_edicion=2005-09-04&gt;

DEL VALLE, José y Luis Gabriel-Stheeman (eds.) (2004) La batalla del idioma. La intelectualidad hispánica ante la lengua. Madrid: Editorial Iberoamericana.

HILDEBRANDT, Martha (1963) Peruanismos. Lima: Moncloa-Campodónico Editores Asociados.

(2000) El habla culta (o lo que debiera serlo). Lima: s.e.

ORTIZ, Beto (1999) «Café para todos». Somos de El Comercio. Lima. Año XII. N° 660, pp. 12-16

1 El capítulo tiene el sugerente título de «Lengua y mercado: el español en la era de la globalización económica».

2 Las cursivas son nuestras.

Feb
21

<!– @page { margin: 2cm } P.sdfootnote { margin-left: 0.5cm; text-indent: -0.5cm; margin-bottom: 0cm; font-size: 10pt } P { margin-bottom: 0.21cm } A.sdfootnoteanc { font-size: 57% } –>

En lo que resta de este artículo analizaremos el discurso higienista de la persona con más autoridad mediática en temas de normativa lingüística en nuestro país: Martha Hildebrandt (en adelante, MH). Buscamos entender cómo esta persona ha generado tal «círculo de exclusión e intimidación» por medio de su discurso higienista y cómo es que gran parte de la población lo ha asumido como suyo propio, «como si viniera desde adentro». Lo que nos interesa observar es su definición, uso y justificación de las categorías de culto e inculto como criterios de corrección. Nos interesa esta persona, en particular, por la enorme injerencia que ha tenido en las actitudes y prácticas de muchos peruanos durante varias décadas. Con esos fines revisaremos su sustento teórico en dos obras suyas y recogeremos su parecer con respecto a estas categorías en dos entrevistas.


Empecemos con la pregunta de rigor: ¿cuál es el criterio de MH para considerar un rasgo lingüístico como culto o inculto? Para contestar esta interrogante, veamos, en primer lugar, las definiciones de lengua culta cuidada o formal y lengua culta familiar, que ofrece en Peruanismos (1963)1.

El nivel de habla más elevado (…) es el de la lengua culta cuidada o formal, a veces identificada con el concepto tradicional de lengua escrita, y aun con el de lengua literaria. Pero puede también incluir la lengua oral del discurso, de la conferencia o de la cátedra.

Un segundo nivel o estrato subyacente lo constituye la llamada lengua culta espontánea o familiar, que corresponde al modo como natural y habitualmente se expresan quienes tienen tradición familiar de cultura o han crecido en un ambiente culto (P, 13).

La lengua culta formal es de carácter estrictamente académico, la utilizan personas familiarizadas con la normativa de la lengua y actualizadas constantemente en cuestiones de estilo. No tendría mucho sentido, por lo tanto, dar lecciones a expertos del lenguaje. Consideramos que la misma MH está dentro de esta categoría. Por otra parte, la lengua culta familiar no resulta tan clara en su delimitación. MH considera que la filiación de una forma de habla con la lengua culta familiar no depende de los esfuerzos mismos del hablante. La siguiente cita sigue a la definición antes presentada:

La posesión de la lengua culta familiar puede no estar en relación con el grado de instrucción organizada u oficial. Así, son a veces legítimos exponentes de este nivel de habla personas cuya instrucción formal no ha pasado del nivel primario, en tanto que pueden no serlo otras que, a pesar de haber alcanzado un nivel profesional, no han logrado superar ciertos hábitos lingüísticos que no reúnen las condiciones de aceptabilidad social (P, 13-14).

Es el ambiente familiar, donde se cultiva la cultura, el que propicia que alguien pueda tener un habla culta familiar. Es interesante la anterioridad del entorno social sobre las características propias del hablante, sobre todo en lo que respecta a su formación. En ese sentido, una persona que no tiene instrucción puede tener un habla culta, así como una persona que tenga formación puede no tenerla. ¿Qué es lo que dicta al final la catalogación del habla de una persona como culta familiar? La respuesta está en el mismo rótulo: la familia.


Puede que se nos reproche trabajar anacrónicamente el discurso de MH. No sería justo valorar un texto de 1963 con los ojos críticos de un hablante del siglo XXI. ¿Qué es lo que MH dice actualmente con respecto a la categoría de culto? Veamos un extracto de El habla culta (o lo que debiera serlo)2:

[El habla culta, o lo que debiera serlo, es] el lenguaje, oral o escrito, de quienes han tenido acceso a la educación superior (EHC, 8).

El discurso de MH en nuestros días parece suavizarse con respecto a la importancia de la consanguinidad del hablante con respecto a un grupo que practica la tradición de cultura o que vive en un ambiente culto; sin embargo, en un nivel mediático, sus afirmaciones públicas evidencian una continuidad con el concepto de habla culta familiar de hace varias décadas. De muestra un botón. El siguiente es un extracto de una entrevista realizada por Beto Ortiz en 19993. Veamos cómo define el nivel cultural de algunos escritores peruanos:

¿Cuál es, para usted, el gran escritor del Perú?

Supongo que Vargas Llosa. Pero tiene muchos errores de lesa cultura. Bryce es mucho más culto. Ha ido a colegios ingleses. Mario, en cambio, ha ido a colegios peruanos. Esa mala formación escolar no se recupera. Bayly, por ejemplo, que estudió en los mejores colegios de Lima, ha sido un descubrimiento para mí. Yo amo a mi mami es una obra preciosa, está a la altura de Un mundo para Julius. No tiene las incorrecciones de Vargas Llosa4.

Por otra parte, en 2005, al explicar su simpatía por el entonces primer ministro, Pedro Pablo Kuczynski, MH afirmó lo siguiente:

Cuando dije que él era un primer ministro del primer mundo, me refería a que solo en el primer mundo se da eso de que un abogado, un médico, un economista, sea a la vez flautista o pianista o violinista. Y que pueda tocar con una sinfónica. Él es hijo de un polaco y de una francesa y ha recibido la educación que es una verdadera educación. Aquí se cree que de música solo deben saber los músicos profesionales y nadie conoce ni las notas musicales (entrevista hecha por Elizabeth Cavero, domingo 4 de setiembre de 2005).

Estos dos fragmentos, como hemos anotado, repiten el discurso del ambiente culto como generador de hablantes cultos y no se hace mención en ningún momento a la educación superior como forjadora de un habla culta. De hecho, y esto es muy importante, MH traza de manera evidente lo que nunca puso sobre el papel: su propio concepto de la cultura. Para ella la cultura es un elemento foráneo con respecto al territorio peruano y un bien preciado que se hereda de cuna y no se gana por mérito personal. Podemos, salvando distancias, hacer un paralelismo entre esta visión de la cultura y lo culto con el del privilegio heredado (entiéndase nobleza). En ambos casos se trata de discursos deterministas y de impronta colonial. De ese modo, el uso de estos rasgos lingüísticos cultos en el caso del habla culta familiar no se basaría en un conocimiento académico de la lengua (lo cual implicaría esfuerzo y talento dignos de admiración), sino en el azaroso hecho de haber nacido dentro de un grupo social poderoso. La persona más culta, siguiendo el argumento de la lingüista, es la persona que ha contado con la fortuna de haber crecido en un ambiente cultural, social y económicamente determinado. En cierta forma, MH misma es su hablante culta por antonomasia.


¿Y qué sucede con el resto de personas? La vasta mayoría que no cuenta con los recursos para acceder a esta forma de cultura o no vive en las coordenadas sociales y económicas antes esbozadas (por ejemplo, los hablantes de otras lenguas peruanas y los analfabetos) entraría a la ominosa categoría de los incultos. Así, pues, uno es inculto desde mucho antes de nacer. Está predeterminado, según este punto de vista, vivir una vida constantemente frustrada de alcanzar la tan preciada habla culta.

Eso es con respecto a lo que dice MH, ¿pero qué sucede con los que, aún sospechando de la existencia de este discurso atávico, siguen a pies juntillas sus recomendaciones higienistas? Sugerimos que lo que hay detrás de este afán de hablar correctamente para estos hablantes obedientes es el deseo de presentarse como parte de un grupo social de élite y apropiarse del poder simbólico que esto implica. Colocando a los actores implicados en el panorama, vemos que se establece un infructuoso peregrinaje ascendente de corte sociolingüístico de gran parte de la población y la perpetuación del poder simbólico dentro de un reducido círculo de «privilegiados» (por ejemplo, los que tienen como propio el habla culta familiar). Como mencionó la lingüista Virginia Zavala5 en comunicación personal, esta práctica higienista coercitiva establece una dicotomía de «hablantes legítimos versus hablantes ilegítimos». Estos grupos no estarían en igualdad de condiciones para acceder a recursos de diversa índole (por ejemplo, los recursos laborales y educativos). Asimismo, añadió la sociolingüista, dicha práctica construye y naturaliza relaciones de diferencia e inequidad social. De esta forma, la constancia y ubicuidad del trabajo de MH ha provocado que hallamos internalizado las categorías de culto e inculto a lo largo varias generaciones.

1 Referido como P en adelante.

2 Referido como EHC en adelante.

3 En esta misma entrevista, MH lanzó uno de sus más controvertidos comentarios. Es preciso anotarlo ya que no escapa de las prácticas higienistas coercitivas que caracterizan a la lingüista. Pero, por su propio cariz anecdótico y efectista, evitaremos su análisis. Esta es la intervención en cuestión:

¿Le pierde el respeto a una persona que habla mal?

Yo puedo tener un enorme respeto humano por un analfabeto, por un rondero, pero, ¿respeto intelectual a quien dice haiga? ¡No!

4 Revista Somos. Año XIII. N°660 1999

5 Agradezco estos valiosos comentarios de la profesora Zavala.

Feb
20

<!– @page { margin: 2cm } P.sdfootnote { margin-left: 0.5cm; text-indent: -0.5cm; margin-bottom: 0cm; font-size: 10pt } P { margin-bottom: 0.21cm } A.sdfootnoteanc { font-size: 57% } –>

Tenaby Boomer se hallaba remando en su canoa cuando de repente cayó al río: el hecho lo enfureció tanto que soltó unos cuantos fuck con tanta profusión y rabia que fue arrestado por el alguacil de la zona y condenado a pagar una fianza de 75 dólares o pasar tres días tras las rejas. De igual forma, cuando Bono, vocalista de U2, recibió el Globo de Oro en la categoría de mejor canción original, no tuvo mejor forma de expresar su gratitud que diciendo: «That’s really… really fucking brilliant», rapto emotivo que casi le costó una demanda millonaria de parte de la Federal Comunications Comision (FCC). Y esto no acaba ahí, en 2001 la FCC recibió 111 denuncias por el uso de la palabra fuck en televisión y radio, mientras que cuando George W. Bush llegó al poder, la Parents Television Council, organización que busca proteger la integridad moral de los niños frente al contenido de la televisión, presentó 1 068 802 demandas por uso de lenguaje inapropiado. Ese año la FCC tuvo una ganancia de 7 928 028 dólares. La PTC hace la salvedad de que no se consideran una asociación conservadora.

¿Por qué una palabra puede causar tanto revuelo?

Instituciones sociales, artículos en periódicos, programas educativos, leyes casi desconocidas en ciertos estados e incluso el veredicto de miembros de la iglesia proscriben y condenan el uso de la palabra fuck en Estados Unidos. Mucha tinta ha corrido con respecto a las implicancias sociales, culturales y religiosas de su uso. En esta cacería de brujas (o de palabras), aparece el documental Fuck (2005) para presentar más de un punto de vista sobre esta polémica palabra: ¿qué es lo que hace que tantas personas se rasguen las vestiduras?, ¿qué motiva realmente tal maquinaria de control?

El uso de malas palabras requiere de la existencia de dos grupos humanos, como lo menciona el lingüista Nunberg en el documental, el de los santurrones y el de los profanadores. Si estas palabras no tuvieran un público al cual escandalizar, no tendrían ningún poder. La calidad moral de este tipo de palabras radicaría en quien las escucha y evoca, no en las palabras mismas. Por lo tanto, estamos frente a una cuestión de grupos sociales en disputa que reflejan sus relaciones tensas sobre discusiones acerca del uso correcto del lenguaje. En ese sentido, creo que Fuck es un buen punto de partida para comprender lo que la lingüista Cameron llama higiene verbal. La higiene verbal, según Cameron, es «el intento de controlar el lenguaje definiendo su naturaleza» (Camerón, 1995: 8). La discusión sobre las groserías no es más que una sección adicional de las discusiones sobre la naturaleza del lenguaje; en particular, se pone en debate si es auténticamente una amenaza a la integridad moral de una sociedad. Se trata, pues, de una práctica higienista más. También podríamos hablar de higiene verbal dentro los manuales de ortografía, en el uso de palabras políticamente correctas (por ejemplo, hombre de color en lugar de negro), la condena de rasgos no propios del estándar (por ejemplo, la mofa que se hace de las variedades andinas de castellano) y la presencia de artículos en los diarios donde alguna autoridad diserta sobre el correcto uso de las palabras (caso que analizaremos líneas abajo). Lo que caracteriza a todas estas situaciones es su clara intención de poner sobre el tapete al lenguaje y tomar acciones sobre la forma más adecuada de controlarlo, calificarlo y hacer uso de él. No escapamos a la tentación de pensar que el lenguaje «puede ser correcto o incorrecto, bueno o malo, más o menos elegante o efectivo o apropiado» (Cameron: 9). Si intentamos escurrirnos de la normativa (también conocida como prácticas prescriptivas), estaremos huyendo de una «parte inalienable del lenguaje en uso» y, por lo tanto, estaremos huyendo del lenguaje mismo.

Podemos decir, pues, que lo que presenciamos en esta película es una de las más grandes campañas de higiene verbal de todos los tiempos. Se trata de un caso paradójico, de medidas coercitivas gigantescas, equivalentes a lavarle la lengua con jabón a toda una nación, puesto que la mayor parte de las prácticas higienistas son menos sofisticadas y tienen propósitos menos evidentes. Entendámonos: lo que Cameron llama higiene verbal no es un discurso homogéneo y único que justifica el control del lenguaje por un determinado grupo social. No hay, pues, una higiene verbal, sino varias a la vez. Retomando nuestra lista de prácticas higienistas, podremos ver que nadie escapa a la higiene verbal. Cuando deseamos escribir una carta formal, buscamos el manual de ortografía; cuando no queremos herir la susceptibilidad de alguien, usamos eufemismos (un lenguaje políticamente correcto); cuando queremos justificar la primacía de nuestra variedad lingüística por encima de la de otro, ridiculizamos sus prácticas lingüísticas (por ejemplo, las parodias sobre el castellano andino); y, finalmente, cuando anhelamos hablar de forma culta, no solo correcta, acudimos a una autoridad lingüística y depositamos nuestra absoluta confianza en que lo que dice es infalible.

Estos casos nos señalan que nosotros, antes que sufrir una fuerte imposición desde arriba sobre determinadas reglas lingüísticas, buscamos, creamos y perpetuamos nuestras propias reglas. Por lo tanto, «todos somos prescriptivistas escondidos o […] higienistas verbales» (Cameron: 9), pero como hemos señalado con respecto al uso de malas palabras, no hay una gratuidad total en la higiene verbal. Son pocas las personas que hablan del lenguaje por simple placer. Cuando hablamos del lenguaje, como en Fuck, hablamos, ante todo, de grupos humanos disputando espacios simbólicos. Lo que realmente se controla cuando se trata de controlar el lenguaje es a grupos sociales determinados1.

Resumiendo: las prácticas higienistas no están desligadas de otras prácticas sociales, políticas y económicas; asimismo, son elaboradas y asumidas por todos y, finalmente, no se refieren, la mayoría de veces, al lenguaje mismo, sino a sus hablantes. Sin embargo, ¿cómo es que estas medidas de control social han perdurado y son aceptadas sin aspavientos en tiempos donde el cuestionamiento y los cambios sociales son característicos? En otras palabras, ¿por qué estas prácticas sociales y no otras no parecen generar ninguna incomodidad?

Lo que caracteriza a la higiene verbal es que pese a su bienintencionada apariencia (costumbres, convenciones y tradiciones) puede «contribuir a un círculo de exclusión e intimidación» como el de otras prácticas sociales (Cameron: 12). Nadie se pregunta por qué existe determinada regla ortográfica o tal exigencia gramatical; de hecho, si uno preguntara en voz alta por el porqué de las reglas lingüísticas, quedaría frente al resto como ignorante. Simplemente están ahí para ser obedecidas sin aspavientos. Desde ese punto de vista, dichas prácticas higienistas están en una categoría especial dentro de otras reglas sociales2: «su autoridad no solo viene de una imposición externa, sino que también es experimentada como si viniera desde adentro» (Cameron: 14).

1 Piénsese en las ingentes cantidades de dinero que la maquinaria de la higiene verbal ha recaudado en Estados Unidos. ¿Acaso ese dinero ayudaría a salvar a ese país del peligro de la inmoralidad?

2 Piénsese, por ejemplo, cómo son cuestionadas la ropa de moda o la música, y cómo nadie se atreve a cuestionar ni una sola convención lingüística.

Ene
29

Querido amigo, querida amiga:

Antes de que hagas lo que tenías pensado hacer, deja esas pastillas, ese cuchillo o aquel cinturón. Lee lo que tengo que decir. Solo dame unos minutos.

Ahora no quieres saber de nada. Crees que el mundo se está acabando. Que el amor no es más que un invento más de la publicidad. Quiero decirte que yo he sentido lo mismo que tú, cuando era niño y adolescente. He visto como me ninguneaban en mi propio hogar, cómo es que mis compañeros se burlaban de mí, lo que es sentir la enorme soledad y el espantoso ‘designio’ de Dios para los que son como nosotros.

Así como tú, yo me veía al espejo  y me decía: “No puedo ser así”. Te digo, amigo o amiga, que esto es precisamente lo que ellos esperan. Te dicen que te aceptan y te toleran. Pero, antes que eso, te ignoran y te desprecian. Quieren verte triste, avergonzado… Ellos desean ‘corregirte’, que seas una criatura fecunda y productiva. El peor de día de nuestras vidas es cuando te das cuenta que no juegas las reglas del mundo. Pero eso no te condena. Dale vuelta a ese dolor. ¿No lo ves? El que te vean con repugnancia no significa que seas repugnante, sino que en su interior algo no funciona bien. Y es ahí donde debes atacar. Todo este dolor te da un sitio privilegiado para cuestionar, proponer y defender lo que crees que es justo y bello.

Tú sabes de lo que te estoy hablando: es del amor que no osa decir su nombre. Pero son mas bien ellos los que no se atreven llamarlo por lo que es. Tu sueñas, de eso estoy seguro, con aquel muchacho o aquella muchacha. Para tí es real y hermoso. No te has sentido más vivo y contento que a su lado. ¿Cómo es que algo tan bello puede ser un pecado? El amor no es para tener hijos o para figurar en las fotografías de la boda. El amor del que tú y yo somos testigos silenciosos está ahí y no necesita de esos adornos materiales. Siempre estuvo ahí. Pero la historia general que nos venden en casi todas partes es que no existe y si es que existe, es una patología y un pecado.

Así que, amigo o amiga, antes que odiar al mundo, tenle compasión. Son ignorantes. Ellos no merecen el amor que nunca recibiste de su parte.  Lo que el opresor quiere es precisamente eso: que tomes esas pastillas, que deslices ese cuchillo por tu piel o que pases ese cinturón alrededor de tu cuello. No le des el gusto. Tú eres más fuerte que ellos.

He conocido a gente. Sí. Gente como tú y yo. Ellas son personas buenas, con un gran corazón y no se parecen en nada a las caricaturas que nos presenta la tele o los perversos con los que nos aterraban en la escuela. Gente de carne y hueso que trabaja, come, va de compras y tiene su vida en pareja. El amor es posible y, ¡qué difícil es que los adultos lo entiendan!, no es malo. No seas como yo que por una extraña combinación de factores ha cercenado ese aspecto de su vida. Sé valiente y aprende a vivir.

Me gustaría haber recibido una carta así cuando era más joven. Solo quiero decirte que, pese a que no te conozco, tienes todo mi cariño y respeto. Me gustaría estar ahí para abrazarte y decirte: “Todo estará bien”.

Ene
20

Hace una semana cumplí años. Tengo pensado escribir algo al respecto. Hablaré de lo que significa ser persona para mí. Mientras mastico lo que quiero escribir, me gustaría compartir algunas líneas del filósofo/visionario trascendentalista Henry Thoreau.

Thoreau, al que he conocido hace unos tres días, ha sido el precursor del concepto de desobediencia civil y sentó las bases del movimiento ambientalista. El extracto que presento pertenece a su libro “Walden” (también llamado “La vida en los bosques”). Pueden leer el libro completo aquí. No es muy largo. Tan solo tiene 40 páginas.

El libro relata la vida de Thoreau y los pensamientos que recogió en su autoexilio en el bosque. Ahí vivió dos años en una cabaña cerca al lago y vivió desconectado de todo contacto social. Su estilo gira entre la experiencia mística, la voz del misántropo y la de aquel que quiere rescatar la naturaleza prístina del hombre:

“No te intereses mucho en conseguir cosas nuevas, ya sean
vestidos o amigos. Da vuelta los viejos vestidos; vuelve a los viejos
amigos. Las cosas no varían, nosotros sí. Vende tus ropas y conserva
tus pensamientos. Dios verá que no te haga falta la sociedad. Si yo
estuviera confinado en el rincón de una buhardilla de por vida, igual
que una araña, el mundo sería para mí exactamente tan grande como
antes, mientras mantuviera mis pensamientos conmigo. Dijo el
filósofo: Se puede capturar al general de un ejército de tres divisiones
y desbandarlo, pero no se le puede quitar sus pensamientos ni siquiera
al hombre más abyecto y vulgar. No busques tan ansiosamente
desarrollarte, ni someterte a muchos influjos; todo eso es disipación.
La humildad, como la oscuridad, revela las luces del cielo.

(…)

Antes que el amor, el dinero y la reputación, denme la verdad.
Me senté a una mesa en la que había sabrosos manjares y vino
abundante y cuidadosa atención, pero donde faltaban la sinceridad y la
verdad; y me escapé con hambre de aquel ágape poco hospitalario. La
hospitalidad era tan glacial como el hielo. Me pareció que no hacía
falta allí hielo alguno para congelar a los comensales. Me hablaron de
lo añejo del vino y de la fama de la bodega; pero pensé en un vino más
viejo y más nuevo, más puro, y en una cosecha más gloriosa, que ellos
no habían conseguido ni podían adquirir. Para mí, nada valen la clase,
la casa, el jardín y la diversión”.

Ene
09

Hoy me acuerdo cuando construimos un castillo enorme hecho con nuestros libros de cuentos, del día en que aquel perro feo me mordió frente a tí y tú no parabas de llorar, de esas veces en que jugábamos al fin del mundo y nos escondíamos debajo de las sábanas de nuestras camas. Esos recuerdos son más preciosos que la más valiosa gema.

No tengo algo listo para momentos ceremoniosos. Tú me conoces. No soy un cursi (Eso espero). Sé que no hay palabras suficientes para decirte lo mucho que te quiero: mi otra mitad, mi hermana, mi patria, mi sangre…

Y se supone que  soy yo el experto en lenguaje.

Quiero contarte algo. Un amigo me dijo que las personas se ‘compensan’: si hay un gruñón habrá un risueño, si hay un flojo habrá un hacendoso, si hay alguien feo habrá alguien guapo. ¿Cómo me haces sentir tú? Cuando te veo sonreír… no siento que tú sonrías, siento que yo también sonrío. Siento que me haces recordar con una suave caricia que aún puedo sonreír. Tengo la certeza de que no somos complementarios ni nos ‘equilabramos’. Somos los mismos. Somos el mismo.

Siempre eras tú la dulce, la sociable, y yo el cascarrabias y aislado. Pero tú me has hecho cambiar. Siempre he cambiado contigo para mejor.

Hoy, herm,  nos unimos otra vez:

“You are my sister”, Antony and The Johnsons

You are my sister, we were born
So innocent, so full of need
There were times we were friends but times I was so cruel
Each night I’d ask for you to watch me as I sleep
I was so afraid of the night
You seemed to move through the places that I feared
You lived inside my world so softly
Protected only by the kindness of your nature
You are my sister
And I love you
May all of your dreams come true
We felt so differently then
So similar over the years
The way we laugh the way we experience pain
So many memories
But there’s nothing left to gain from remembering
Faces and worlds that no one else will ever know
You are my sister
And I love you
May all of your dreams come true
I want this for you
They’re gonna come true (gonna come true)

Ene
06

El último sábado del 2008 no pensaba hacer nada en especial. Horas antes de declarar perdido un sábado más de mi juventud recibo un correo de Perú Antitaurino. El mensaje decía que, como público general, era   invitado a una conferencia de balance del año que terminaba. Miré mi reloj y me di cuenta que tenía algunas horas para ir a la reunión.  El final del mail sonaba vendedor: “Habrá un compartir entre los asistentes”. No conocía el lugar, ni a ningún miembro y no tenía con quien ir. No me importó.  Me alisté para salir: cel, plata, un libro para no aburrirme y la dirección anotada.

No me asombró ni me irritó, luego de terminar un capítulo entero del libro que llevé, darme cuenta que la espera había durado casi una hora. ‘Hora peruana’, pensé. Luego me di cuenta que valió la pena. El salón se llenó y hubo varias preguntas y propuestas. Gente de todas las edades daba su voz: algunos más violentos que místicios, más legalistas que massmediáticos. Unos eran concilidadores y persuasivos, mientras otros estaban llenos de ira reprimida.  Era un coro que daba gusto. Siempre creo que las discusiones que apuntan al consenso y no hacia la victoria de un bando sobre el otro son las más interesantes.

El equipo de Perú Antitaurino, liderado por Roger Torres, presentaba con orgullo su arma de doble filo para acabar con la tauromaquia en el país: la persuasión de la esfera pública (medios de comunicación y personajes públicos) y la prohibición legal de este mal llamado arte por medio de una proyecto de  ley 496. La lucha antitaurina es una lucha auténtica y simbólica. Auténtica porque busca la abolición de la tauromaquia en nuestro país, y simbólica porque enmarca en su discurso una defensa de los derechos de todos los animales (entiéndase mascotas de compañía, animales ‘exóticos’, animales de granja, los que se hayan en estado salvaje, entre otros) a ser tratados con respeto y sin crueldad. Estas son las premisas del movimiento que incluso podrían enmarcarse, abstrayendo un poco más, en una defensa del medio ambiente.

¿Qué tan lejos está el Perú de presenciar la desaparición de las corridas de toros? Perú Antitaurino, en un pronóstico pesimista, cree que en 40 años se obtendrá tal panorama. “Es un hecho que las corridas de todos van a desaparecer”, dice Roger entusiasmado. La tauromaquia y todo su infame legado colonial tiene sus días contados. El proceso, sin embargo, debe acelerarse e involucrar a la mayor cantidad de población posible. Roger nos contaba cómo hace dos años (i.e. el 2007) la protesta antitaurina llegó a congregar a cientos de personas. Un enorme grupo compuesto por jóvenes, adultos, amas de casa y niños recorría las calles del centro de Lima en dirección a la plaza de Acho. La multitud, según la directiva del grupo, abarcó cuatro cuadras. Parecía no terminar.

Pese a que hay que tomar con pinzas esta información, Roger cree que se ha logrado mucho a nivel simbólico y mediático. Cada vez más las personas se enteran de que el colectivo no es de unos cuantos anarcopunks y darks (con el respeto que merecen, claro está), sino que está conformada por una extensa coalición de personas de diversas creencias políticas, religiosas y ambientales. Perú Antitaurino dejó hace mucho de ser, para la opinión pública, un grupo de pintorescos jóvenes antisistema para convertirse en uno movimiento que congrega a cientos de personas a nivel nacional y forma parte de un movimiento de respeto animal que tiene envergadura internacional (Colombia le lleva la delantera en la lucha antitaurina en Sudamérica, seguido por Perú). Hay mucha gente indignada y esa gente quiere ser escuchada.

Ese día en la reunión conocí a un joven de Piura. Él, antitaurino claro está, me contaba que el movimiento aún es embrionario en la ciudad y que, paradójicamente, no tiene un objetivo sobre el que apuntar en la ciudad. Entendámonos: en Piura no se practican las corridas de toros. Sin embargo, las peleas de gallos es el pan de cada día en el norte. Días más tarde, revisando con más cuidado la página de Perú Antitaurino me doy con la agradable sorpresa que existe un blog de Piura Antitaurina.  Al parecer la tauromaquia sí se practica en Piura, pero no en la ciudad, sino en el pueblo de San Clemente. Pero si Piura aún es un almácigo de antitaurinos, no lo es así Arequipa ni Huancayo donde el movimiento cuenta con mayor tiempo. Se trata, como pueden ver, de un movimiento nacional que está extendiendo activamente su mensaje a lo largo de nuestro territorio.

Llegó el tan ansiado ‘compartir’: chocolate de leche de soya y panetón. ¡Delicioso! Recibí mi poster de la pasada convocatoria y un cúmulo de volantes para repartir (algo doloroso para mí ya que odio el consumo de papel). Música del dueño del local: algo de cumbia para sacudir los huesos luego de estar tanto tiempo sentado. No es mi estilo.

Alaska antitaurina

Alaska antitaurina

Caminaba de vuelta a casa cuando recibí una llamada de t (mi amiga: aquella bella fusión de linguistica, animalismo y buena música). Fiesta temática. La movida madrileña con proyección de película almodovariana. Sonaba bien. No sabía mucho de la movida sólo lo que ella me había contado.

No había mucha gente cuando llegamos. ¿La película? “Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón”. Enorme tributo al kitsch. Eso pasa cuando una dictadura reprime tanto a un director gay:

Luego empezó la fiesta. Bailamos y bailamos. Bailé y bailé. Bailaron hasta agotarse y quedarse sin tímpanos. Buena música, divertida, feliz. Tal vez una fantasía ideológica, pero no me importaba. Era un momento divertido. Nunca fui tan pop. Nunca había visto tanta gente divertirse tan deshinibidamente. Una chica saltando sobre el sofá agitando la melena, dos chicos hermosos bailando juntos, alguien empezando un pogo infructuoso… Luz negra. Los ojos y dientes de t. relucían como los del gato de “Alicia en el país de las maravillas”.  Canción tras canción. Moverse, agitarse, sonreír y cantar. Eso sí que fue despedirse de un buen año.

Creo que eso les hace falta a los taurinos, una buena dosis de pop, color y amor en sus corazones. Deben celebrar la vida sientiendo en los latidos de su corazón el batir de la percusión, la melodía dulce y pegajosa de quinceñeras de los 80’s, las letras ambiguas de Alaska y Berlanga… Hay demasiado que escuchar y los huesos aún son fuertes. No hay reglas, no hay prohibiciones, toda permutación es lógica, toda combinación es bella. Y así debe ser una revolución antitaurina. Debe ser una fuerza de amor, color y vida que cubra a todos por igual. Nada de violencia, pero sí de lucha. Nuestros corazones laten al unísono: los de los toros, que aún son víctimas, y los nuestros, que esperan la victoria (que realmente es suya). Bailemos por un mundo mejor. Cantemos por aquellos que se han ido, por lo que están y por los que están por venir.

Dic
30

Pensé que había posteado esto por navidad, pero simplemente lo guardé como un ‘draft’. Esta es mi canción navideña favorita. Me gusta el coro final:

War is over is you want it.

Las imágenes son algo fuertes. Hagamos algo para que nuestro mundo sea un mejor lugar para vivir.